Contigo mismo

Elecciones en el asilo

|

Valorar:

El día D se acercaba. La democracia se había instaurado, curiosamente, y como siempre, un 20 de noviembre, en aquella anacrónica institución. ¡Ironías del destino! Los residentes, que cohabitaban en el edificio, serían, finalmente, los que nombrarían al presidente/dDirector del Geriátrico.

En plena campaña electoral, don Mariano, a sus 92 años, esgrimía, como méritos, su paso por la Presidencia del Gobierno y su enorme experiencia en cuestiones de la cosa pública. No obstante, algunos casos de corrupción disminuían considerablemente sus posibilidades de alzarse con el triunfo. Entre ellos destacaba el caso Danone, destapado por don Gervasio: una oscura trama urdida por sus adláteres para robar de la nevera los yogures y venderlos luego a los viejecitos en una especie de mercado negro. Por si fuera poco, se habían sustraído algunas tarjetas black con las que los jubilados gozaban de suculentos descuentos en los transportes públicos que, por otra parte, ya no existían. Don Mariano, incansable, iba proclamando por las diversas estancias del lugar las bondades de su programa, promoviendo como medida estrella que se suprimiera el puré y la tortillita y fueran sustituidos por manjares más suculentos. La idea fue calando hondo entre el electorado, por lo que la oposición tuvo que actuar. Otro tipo de dieta podía acabar con la dentadura natural de quienes aún la conservaban y favorecer la bancarrota del centro –argumentaba-. Pedro, en este sentido, se mostraba especialmente terco: «¡No es no!» –repetía incesantemente evocando sus años mozos-. Ese «no»" solo se torcía en sus pesadillas nocturnas, en las que daba paso a un «¡Cabrones de Ferraz!» o a un «Susana Tejero, te daré en el pandero»…" ¡Qué tiempos aquellos!" –se decía-. «Estuve a puntito» Finalmente, se consolaba evocando como, a la postre, había logrado convertirse en presidente de la Comunidad de Vecinos de Montepinar, 17, que algo es algo. Pero está vez alcanzaría el poder que aquel encubierto golpe de Estado le había cercenado…

El día D se acercaba, sí… Pablito, calvo, era ya otro. Y lo del tupe, pues eso, que de poco servía… Pablito se contentaba ahora con echarse unas carreritas en silla de ruedas con Errejón que, curiosamente, y a pesar de los años transcurridos, seguía teniendo todavía esa mirada de niño repipi de escuela. No era, según ellos, una crisis interna, sino una sana competición atlética. Pablito iba a dar el sorpasso a Pedrito, aunque solo fuera en otro sentido y sin sentido: tirándole la sopera al empecinado, en el comedor comunitario…

Finalmente Albert pululaba por las estancias, diciendo a todo el mundo que sí o viceversa. Cuentan las lenguas de doble filo que, con frecuencia, se equivocaba de habitación y que, consecuentemente, unas noches dormía con unos y otras, con otros. Quizás por ello el doctor le había recomendado tomar constantemente zumo de naranja…

- ¿Hay ya gobierno? –susurraba, en el ala femenina del edificio, la Cospedal-.

- Todavía no –le contestaba una airada Rita, pegadita a su bolso-. Todavía no –iteraba-.

- ¿Cuántas elecciones llevamos? – inquiría la Cospedal-.

- Creo que vamos por las vigésimo segundas –contestaba Bescansa mientras cambiaba los pañales a su tataranieto-.

Pero, ahí, eso ya no importaba. Lo que importaba era quién se alzaría con la presidencia del Geriátrico… Don Mariano se movía con la lentitud de un lagarto, aunque eso no era novedad. «Lentos, pero seguros» era su lema. Pedro había optado por renunciar. Pablo acariciaba oníricamente su coleta ya inexistente y Albert seguía a la búsqueda de su cuarto perdido, cual Indiana Jones…

Pero los cuatro, sin embargo, tenían algo en común (la gran coalición): jamás salían, con su vejez a cuestas, del asilo, porque al pueblo –hecho unos zorros-, agazapado y a la espera, le daba entonces por devolverlos caritativamente al geriátrico –concretamente a su enfermería-, bien calentitos… ¡Pobrecillos, tan incomprendidos ellos, incluso en su vejez!

Don Mariano se movía con la lentitud de un lagarto, aunque eso no era novedad. «Lentos, pero seguros», su lema