Con derecho a réplica

Cabras comiendo marihuana

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Que sí hombre, que sí, que hay personas que se despistan con mucha facilidad. Que van directos a una cosa y por el camino se cruza una mosca y se ponen a otra, y después a una tercera, e incluso a una cuarta, y al cabo de un rato no se acuerdan donde iban al principio. Es cierto que a todos, excepto los que practican el Ashtanga Yoga nivel pro, nos cuesta concentrarnos en el aquí y en el ahora. Nuestra cabeza está más llena de datos que los discos duros de Bárcenas de chanchullos y prebendas.

Parece que el cerebro va a ritmo de wasap o de tuit, y todo lo que pase de unos pocos caracteres ya no lo asimila. Es cierto, y no pasa nada por admitirlo. Es normal que saquemos el móvil del bolsillo para mirar la hora y acabemos mirando algún foto chorra, como la del bebe con pelazo cardado que da cierta grima, consultando el tiempo, o repasando el correo, para volver a guardarlo sin saber la hora que es.

Los despistes son parte intrínseca del ser humano y el ritmo loco y absurdo que llevamos los aumenta. Muchas personas critican la corrupción, y a los ladrones que quitan el dinero para hospitales y escuelas y se lo gastan en orgías, pero mira tú por dónde, luego se despistan y siguen votando a uno de los partidos con más corruptos de toda Europa. Normal, se imponen los ritmos frenéticos de los videos de Youtube y no hay quien se centre.

Por eso cuando en una encuesta nos preguntan qué programas de televisión vemos, siempre decimos que los documentales de La 2, pero después se comprueba, con los datos de las audiencias, que estos programas no los ve ni dios, y que se llevan la palma los realities de las chonis y los canis con mucha silicona y muy pocas neuronas. Mira, una vez más por despiste, seguro que sí. Nos pregunta el encuestador, nos distraemos por los nervios, y contestamos al tuntún. Nos despistamos tanto como algunos patriotas mediáticos que con una mano besan la bandera, y con la otra se llevan el dinerito a Suiza.

En el centro de Menphis, Tenesse, Tonka Barnes y su pareja entraron a robar en una casa. Una vez dentro del inmueble, y ya con algunas joyas y dinero en metálico sustraído, se distrajeron, por lo que fuera, y se pusieron a practicar sexo en el sofá del comedor. Y con el ritmo y la humedad de Tennesse se les fue el santo al cielo y les pilló la dueña de la casa, que volvía de vacaciones, en plena función erótico festiva. Entras a robar, te despistas más que una cabra comiendo marihuana, y acabas en revolcón con tu pareja en casa ajena.

Por cierto, cuidado con lo de las cabras, y las ovejas, comiendo maría, porque son ya son varios los episodios, desde Gales, Reino Unido, hasta Tomelloso, España, donde, por despiste, cómo no, los animalitos pasaron de sus pastos y se comieron las plantas cultivadas por algún vecino aficionado al reggae, y la acabaron liando parda. Menos mal que los animales no son responsables ante la ley de sus actos, porque si no estarían los banquillos de los juzgados más llenos de bóvidos que de cargos públicos amigos de Rajoy. Igual me he pasado, pobres mamíferos.

Bueno, lo que yo quiero realmente en esta artículo, queridos lectores, es realizar un análisis en profundidad de la compleja situación política, económica y social en la que vivimos… vaya, qué pena, se me han acabado los 3.500 caracteres. Se me ha quedado la misma cara de tonto que a los dueños de las tarjetas black cuando les llamó el juez a declarar. Pues nada, qué le vamos a hacer… mira una mosca volando… feliz jueves.

conderechoareplicamenorca@gmail.com