Sin flash

Construir la paz

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Crece la incertidumbre porque afrontamos situaciones nuevas y no nos hemos preparado seriamente para este cambio brusco de horizonte. Confiamos en que la guerra no nos alcance, aunque la desesperación no conoce fronteras. Y los desesperados están a las puertas pidiendo que les demos cobijo. O trabajamos por la paz, con toda la complejidad que eso conlleva, o trabajamos para el odio, que solo genera violencia.

Tenemos líderes especializados en meter cizaña. Su verborrea populista y sus estrategias de tensión social no pueden ocultar su verdadero rostro autoritario-sectario. Es muy ridículo reducirlo todo a una etiqueta de carcas o progres.

El poder pasa hoy por influir en las redes sociales y medios de comunicación. Hay gente que lo hace muy bien, aunque sus mensajes y propuestas sean preocupantes. La manipulación es tal, que nos pueden persuadir de cualquier cosa. Con el móvil se convocan cientos de matones para coartar, amedrentar, insultar o impedir la libertad de expresión, como ha pasado en una Universidad.

Vemos iluminados que utilizan la acción directa para conseguir sus fines. Su reacción es furibunda ante la crítica. El que no les da la razón es su enemigo. El que se sale del redil, una oveja descarriada. Perciben como amenaza lo que no concuerda con ellos. El totalitarismo es la fe por eliminación. Cuando la fe que realmente vale la pena es la del convencimiento interior y la libertad de conciencia.