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El mejor profesor

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Esto me gusta y mucho. Me encantaría que las televisiones retransmitieran este certamen del Global Teacher Prize, el conocido como el Nobel de los profesores, dotado con un millón de dólares para proyectos educativos, celebrado en Dubái. Este certamen, que va ya por la tercera edición, tiene dos efectos. Uno que te emociona que los profesores son reconocidos como tal. Los profesionales que ayudan a que nuestros pequeños sean mejores personas. Y el segundo efecto que persigue el certamen es que haya más profesores, pues según Vikas Pota, director ejecutivo de la fundación Varkey con base en Londres -la que está detrás de este evento, certamen al que han sido invitados 2.000 congresistas y 200 medios de comunicación internacionales-, dice «queremos que las próximas generaciones piensen en la enseñanza como una profesión. Hoy nadie quiere ser profesor». Esta convocatoria permite valorar que la educación va avanzando a mejor, se humaniza. Y ayuda. Es el caso del español David Calle, que da clases en una academia desde que se quedó en paro y es conocido por sus vídeos en el canal de YouTube, con más de 20 millones de visitas. Y se ha quedado entre los 10 finalistas elegidos entre más de 50.000 aspirantes.

Pero hablemos de la ganadora, una canadiense de 37 años, Maggie MacDonnell imparte clases desde hace 6 años en una población remota, muy alejada de todo, en el Ártico. Da clases en Saluit, una aislada comunidad esquimal de Quebec de apenas 1.300 habitantes, en la que lidia con embarazos adolescentes, abusos sexuales, problemas de drogas y suicidios entre sus estudiantes. A esta población solo puedes acceder en avión. Solo con este detalle, para mí ya tiene mucho mérito. Macdonnell, es una convencida del aprendizaje basado en proyectos, una práctica docente centrada en enseñar a los alumnos a través de experiencias de la vida real. Y me pregunto qué estaremos haciendo mal los adultos para que nuestros hijos no sean felices y, sucumban a ciertas perdiciones, o embarazos no deseados para que esta mujer trabaje con estos adolescentes a través de la vida real. También me pregunto sobre los padres, qué papel están haciendo en la educación de sus hijos, como para que un alumno le dedique palabras a la profesora de que si no es por ella, él no sería el que es. «Me he convertido en la persona que soy gracias a mi profesora», le correspondió Larry, de 19 años, uno de los tres estudiantes que ha viajado con la docente al certamen.