La columna

El aire del tiempo

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No es broma, existen latas de tiempo. Son las películas antiguas, mejor si son en color, y también los libros y discos. Podemos ver una película antigua y aun sin reconocer a los actores, sin reparar en el vestuario sabemos cuándo fue rodada. No me refiero a que la película se sitúe en una época determinada del pasado, sino a la fecha en que fue realizada. Podemos ver Barry Lyndon, o la serie de películas de la Pantera Rosa, en las que Peter Sellers encarna al Inspector Clouseau, y en seguida nos damos cuenta de que hay algo en el aire, en los fotogramas que nos indica que fueron filmadas en los años setenta y sesenta. Dirán que es el estilo de los peinados, el tipo de celuloide, el tamaño de los bikinis o incluso la actitud de los actores, pero yo creo que es el aire. A base de esforzarse en realizar tomas perfectas los directores y cámaras llegan a fotografiar el aire. Recuerdo que había en París un tipo de suvenires que eran la monda, porque consistían en latas vacías con una etiqueta que decía: «Air de Paris». Aire de París. Era una tomadura de pelo, pero en efecto, dentro de la lata había auténtico aire de París, si es que las latas estaban hechas en París y no como ocurriría hoy en Taiwán o algo parecido. Pues bien, las películas de los años cuarenta, sesenta y setenta muestran la fotografía del aire de esos años, entre otras muchas cosas. Ya digo, no son los trajes, sino el aire, y la actitud de la gente que flota en el aire y se refleja en la actuación de los actores. Incluso si los actores aparecen desnudos, como en las series de destape que vinieron con la democracia española, el aire queda fotografiado sin vestiduras. Me dirán que, claro, que las actrices entonces no iban tan depiladas, pero eso es sólo un detalle. En el conjunto se ve el tiempo, los tiempos que corrían entonces, y la manera de pensar de la gente que sale en la película y de la que no sale también.

Tiempo enlatado, eso es. Hasta la aparición de las películas y los discos el tiempo se podía enlatar también en los libros. Cogemos un libro de una época determinada y ya en su redacción notamos algo que refleja la concepción de las cosas de la época en que fue escrito. En los discos esto se puede seguir mejor según el tipo de instrumentos que predominan, o el estilo de voces, o incluso en las fotografías de la portada. Pero echen la vista atrás, ¿no ocurre lo mismo con el tiempo que tienen enlatado en la memoria? Lo que pasa es que todo está en la cabeza.