Contigo mismo

Los ricos no van de acampada

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Cada verano aparecen noticias diversas sobre acampadas ilegales. Se habla –entonces- de proteccionismo, de ecología, de naturaleza virgen, de… Y con esas palabras se llenan la boca los que, desde distintos colores políticos, han dirigido, dirigen y dirigirán el cotarro. Pero las palabras, por ellos pronunciadas, mantienen su significante, pero no su significado, ya que el hedor a hipocresía las priva de éste último. Se sigue, directa o indirectamente, trabajando para el rico, mientras los disfraces los costea, siempre, el pobre… El poderoso no duerme en tiendas de campaña, sino en habitaciones costosas en hoteles de cinco estrellas. Él constituye el turista de calidad, porque, como casi en todo, esta se mide en términos económicos, que no humanos. Poco importa si el que tiene la Visa cebada no respeta vuestro entorno y se la suda vuestra cultura. Como tampoco importa si, fruto de su prepotencia, maltrata a un camarero o incordia al vecino de mesa con su chulería de western barato…

Hace ya mucho acampabais en S'Arenal d'en Castell. La actividad se iniciaba con un ritual: se buscaba un lugar discreto que no lesionara, ni un ápice, la flora, ni el suelo, ni… Se adecentaba el enclave y se vivía de manera acorde con la naturaleza. Cuando levantabais el sitio –en eso llegó a convertirse- no había lesión alguna al entorno, más bien lo contrario… Un día os visitó la Guardia Civil y con educación os dijo que el chollo se había acabado. En ese lugar se levantan hoy apartamentos que, casi, casi, besan el mismo mar que os meció en las límpidas noches estivales. Son verdaderos monstruos de cemento. Y, a diferencia de vuestras tiendas, esos mamotretos se pensaron como estables, inamovibles y eternos. Para su construcción se destruyeron pinares… Los pobres fueron expulsados del paraíso, no porque agredieran una Menorca que respetaban, sino por el simple hecho de que eran eso: pobres. En los engendros estáticos los turistas tienen lo que en un culebrón denominarían chequera y no son visitados por la Guardia Civil…

También hubo un tiempo en que se intentó demoler una casa hermosísima en una playa del sur, una de vorera, porque ese hipócrita amor a la isla así lo exigía… A escasos cincuenta metros de la misma se alzaba, sin embargo, un megahotel que lindaba con un Camí de Cavalls. La casa resistió, como Astérix, al invasor, en gran medida porque hubo contestación social. Esa vivienda, portento de blancos, geranios e historia, era testimonio mudo de un estilo de veraneo ancestral e inequívocamente atento con la Isla… En el megahotel, no obstante, no había –no hay- geranios, ni sus paredes han sido masajeadas por cal, ni pululan por sus inmensidades menorquines… Solo una caja registradora…

Cambiaron y volvieron a cambiar los equipos de gobierno, pero, en su ascensión al poder, aludieron todos, sin excepciones, a esa isla que se tenía que preservar… Lo que no dijeron es que no era, probablemente, por querencia… Sino porque, de pervertirla, los señores de la chequera optarían por otros paraísos…

Y no es que defiendas que se acampe sin control y en cualquier parte. Lo que exiges es que, simplemente, existan zonas donde esa actividad secular se pueda seguir manteniendo, con normas claras y controles adecuados, aboliendo así un prohibicionismo panfletario que –curiosamente- únicamente afecta al desheredado…

Resulta triste la incoherencia. La de quienes usan grandes palabras para disfrazar mezquinos intereses. Tocará esperar… A quienes unan significado y significante, a quienes cuando se manifiesten como progresistas, lo sean realmente, a quienes opten por no sustraer al pobre un tipo de veraneo humilde y comprometido… A quienes sean distintos a los que, bajo eufemismos vomitivos, siguen creyendo que calidad es, simplemente, la cuantía de un saldo… La espera –lo sabes- será larga. Tal vez, incluso, eterna…