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Protección de un menor

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Preparándome para el septiembre, con ideas para el arranque del curso de los niños. Ahora necesito poner mi cerebro a descansar. Y de manera relajada leer y apuntar nuevos métodos de educación y crianza. Leer, reflexionar y aplicar lo que valga la pena. Algo que deberían de haber hecho mucho medios de comunicación, -que como periodista se me cae la cara de vergüenza, solo por audiencia, y cuatro duros-, es el reciente estreno a cara descubierta de Andrea Janeiro Esteban. La prensa nunca estuvo allí para auxiliarla de una madre tóxica, ahora parece que está desintoxicada de su expareja Jesulín de Ubrique, y de otras adicciones. Dónde estaba el público consumista de estas noticias. Una niña que debería de habérsele respetado sus derechos y sus 18 primaveras. Insisto en que hay que ser «guardianes entre el centeno, de que ningún niño caiga en el abismo».

En una España infectada por la corrupción, donde responsables se quitan la vida por no afrontar la verdad, y donde tristemente no se protege al menor. Ni se dan ayudas para la familia. Ni hay cultura infantil, que ayude a respetar a los menores fuera del hogar, en hoteles, restaurantes,... A esta España aún le cuesta despojarse del boom de las suecas. Donde todo se hacía por ganar dinerito. Y se nos olvida la base, construir cimientos desde edades tempranas.

«Educa a los niños y no tendrás que castigar a los hombres» (Pitágoras). Con esta frase se podrían ahorrar muchas leyes. Los niños hechos hombres no robarían, no maltratarían,... Es cuestión de construir una pirámide muy fuerte, empezando por los padres; dando la mano a maestros y profesores. Confiado en los empresarios, de dar calidad humana en sus empresas tanto públicas como privadas; y siguiendo con las personas que gestionan nuestra localidad y país, llamados políticos. Por desgracia sale más a la luz lo negativo que lo positivo. Hagamos acopio de lo positivo, rodeémonos de lo bello, de lo bonito para que en momentos de horas bajas podamos salir orgullosos de nuestras decisiones con nuestros pequeños. Y no nos venga el arrepentimiento después. No todo vale, pero tampoco no todo son normas. Seamos como el bambú, fuertes en las decisiones pero a la vez flexibles. Los niños son nuestro presente, día a día. Son nuestro espejo, y este puede relucir más o menos según el amor y la comprensión que les demos a nuestros hijos. Un niño es una bendición, y un niño es sagrado. ¡Hasta septiembre!

@sernariadna