La columna

El agua

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Me voy a Barcelona para participar en la Setmana del llibre en català. No es la primera vez que lo hago; llevo muchos años escribiendo en nuestra lengua. Pero es la primera vez que se me ha invitado desde instancias oficiales, junto con Jaume Pons Alorda, Maria Teresa Ferrer, Nora Albert y Sebastià Perelló. El título de la mesa redonda es más bien largo: «Com s'enfronta la creació literària a una comunitat illenca i fragmentada». De donde deduzco que nosotros formamos una comunidad isleña, lo cual casi tiene ecos musicales, si nos acordamos del trío colombiano Los isleños o de Bonet de San Pedro y sus Isleños, que debían de ser unos isleños particulares que poseía el hijo de Damián Bonet y Margarita Mir, mallorquín de Santanyí.

«Paisajes lindos tiene Mallorca y hermosas playas para escuchar a los acordes de mi guitarra canciones dignas de recordar». Hoy en día a lo mejor hasta tenemos algo más que paisajes lindos. Yo no sé si me van a dejar, o si me va a llegar la camisa al cuerpo para decir que la creación literaria en nuestra comunidad isleña y fragmentada la he afrontado siempre con soledad, desde la inhóspita y casi fantástica isla de Menorca. Cierto que cuando empecé me ayudó mi paisano el doctor Francesc de Borja Moll y el padre de tantos escritores que era Josep Maria Llompart. Supongo que debía de ser por lo de la era de Acuario, pero eran tiempos en que la fantasía estaba mejor vista que ahora y en que las «Rondalles mallorquines» eran un best seller. Ahora para ser un best seller sería mejor hacer galletas de Inca o rosquillas-girasol-río. Podría decir también que para escribir alejado de los centros de influencia de Barcelona el único recurso que tenía era presentarme a premios, y así me luce el pelo, que aunque ya se me ha vuelto blanco sigue poblando mi cabeza. A lo mejor podría añadir que aún hoy mucha gente me dice que no me lee porque no le enseñaron catalán, y me lo dice en la modalidad isleña de la lengua catalana que nos caracteriza incluso cuando intentamos expresarnos en castellano (o español) porque solemos tener cuando menos un acento característico. Podría aclarar que cuando decimos que hablamos en pla abreviamos la expresión, que se refiere a hablar en pla català, es decir la lengua llana que se contraponía al latín culto que dio origen al catalán entre nosotros y al castellano en tierras de Castilla.

No sé si voy a poder seguir el meu somni, porque no soy muy dado a la verborrea, pero todo se arreglará amb una bona aigua.