Sin flash

Estado de derecho

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Alguien pensará que es una conquista fácil o tratará de restarle importancia, pero un Estado de derecho no se improvisa ni se mantiene pasivamente, como si fuese un regalo que hemos recibido nosotros, a diferencia de medio mundo, por ser tan guais y buenas personas.

El imperio de la ley no se aprecia de manera nítida hasta que peligra o se pierde. Cuando unos, aunque sean muchos, se creen legitimados para imponer sus decisiones saltándose la ley; y otros son ninguneados, vilipendiados, satanizados por quien detenta el poder o sufren una coerción sutil o descarada… todo lo malo es posible.

Cualquier dictadura liberticida o régimen totalitario encuentra justificaciones. Sus adeptos no ven otra opción que la suya. Quien no comulga con sus pretensiones es tildado de enemigo.

Hemos llegado al 2017 con una versión de «Duelo en OK Corral» entre un sheriff americano rubito y un matón coreano malcriado que pone la piel de gallina. A ver quién será más rápido con el botón nuclear...

Y en España, lo de siempre: enfrentamiento fratricida que, ignorando la legalidad constitucional, se dedica a reforzar antiguas entelequias independentistas basadas en sentimientos (o resentimientos) xenófobos y racistas.

Romper con los demás no nos hace mejores ni nos añade nada bueno. Solo es un fracaso de la convivencia. Con lo que nos había costado vivir en paz y en libertad… A veces la democracia coge una depresión e intenta suicidarse.