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Los domingos no criticar

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Las tardes de los domingos se hacen deliciosas e imborrables de la mente. Es el resumen de la semana. Son tan sagrados los actos que hacemos que hasta nuestro perro es feliz cuando humea el chocolate a la taza con croissants de mantequilla, y una fuente de fruta. El aperitivo improvisado en casa, es otra de las cosas que nos encanta compartir con ellos. Unas verduritas chips, y alguna aceituna sin hueso. Y la comida, intentamos que sea slow-food, comida de cuchara con el chup chup como el de la abuela.

Esta vez ha caído un arroz al horno. El ambientador es el olor que desprende ese cocer lento que impregna toda la casa y no quieres que escape, porque daría paso a otro día. En la sobremesa entre idas y venidas de peques de tres y un año y medio, en busca de chocolate con menta. Es cuando ambos se concentran, pues el magnesio que aporta el chocolate hace que tengamos más felicidad entre plato y plato.

A veces me gusta abstraerme y ver lo que estoy viviendo como una estampa cinematográfica. Veo y siento como me llaman la atención para que me hunda en el sofá con ellos mientras papá deja caer los ojos y se los entrega a Morfeo mientras intenta entrever una película que acabo viendo, sin querer verla. Al tanto de la secuencia sonrío de soslayo al sentirme a gusto de este fin de semana.

Un sábado fructífero, disfrutando de mis hijos y mi pareja en la mañana, con el desasosiego de la búsqueda de una persona ajena a la familia para que les cuide por la noche, por un cumpleaños doble. Una odisea encontrarla cuando no tienes la familia cerca. Por fin apareció la ángela custodia. Me destensé mucho antes tomando la decisión, que si no venía la persona indicada no iría al cumple y que fuera mi pareja.

Ese mismo día, por la tarde tenía una cita para trabajar la autoestima, un taller dirigido por Xavier Caparrós un escritor y divulgador, en la escoleta de Sant Climent. ¡Qué bueno! como dice mi hermana siempre vale la pena salir, pues siempre aprendes algo que guardas en tu mochila de vida, -cuánta razón tiene-. Caparrós, conferenciante y terapeuta, y el grupo de 18 personas con tres matrimonios incluidos me dieron la calma y la paz que necesitaba. Buen equipo y buen maestro. Reír, jugar (que no pase ni un solo día en hacer con nuestros hijos) y no criticar como ejercicio para ser el mejor espejo. Siempre dando el máximo, para que ellos puedan elegir en qué momento parar. Así va discurriendo el domingo y diluyéndose, para dar paso a la siguiente semana.

@sernariadna