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Aquella fabulosa coma introducida en el artículo cuarto del Estatut d'Autonomia de Balears motivó esta redacción: «La llengua catalana, pròpia de les Illes Balears, tindrà, juntament amb la castellana, el caràcter d'idioma oficial». Pero las referencias a los temas lingüísticos en nuestro Estatut no acaban aquí, porque en el título tercero, que desarrolla las competencias autonómicas, el artículo 38 también determina que «las modalidades insulares del catalán, de Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera, serán objeto de estudio y protección, sin perjuicio de la unidad de la lengua».

Esta exigencia estatutaria, que ha sido tan silenciada como incumplida, nos recuerda que el «Diccionari Alcover-Moll», la magna obra iniciada por el canónigo mallorquín Mn. Antoni Maria Alcover y concluida por el filólogo menorquín Francesc de B. Moll se titula «Diccionari Català-Valencià-Balear». El primer tomo, publicado en 1930, incluye un didáctico «Mapa dels dominis de la Llengua Catalana» que han sido transformados, desde estrategias con intereses políticos nacionalistas, en los Països Catalans.

Albert Pla Nualart da respuesta a la pregunta de Víctor Montencino: «¿tenc dret a escriure l'examen en tortosí?». Un tema «complejo y espinoso», según el responsable lingüístico del diario «Ara» porque abre el debate entre la diversidad de los dialectos y la unidad formal del estándar exigida por los expertos en sociolingüística como el profesor Jesús Tusón. Pla Nualart recomienda mantener las formas de cada dialecto en su ámbito de uso, incorporando registros formales -es la función que corresponde a los medios escritos y audiovisuales y mantener en la lengua oral todos los rasgos dialectales con la única excepción de aquellos que, puntualmente, puedan dificultar la comunicación. Unidad y diversidad.

¿Sabremos proteger, usar y defender la gran riqueza -sintáctica, morfológica y fonética- que aportan nuestros dialectos insulares a la lengua propia?