La columna

Los adioses

| |

Valorar:

Dice Juan Carlos Onetti en su novela «Los adioses» que «ni siquiera los pasados pueden conservarse inmutables». Juan Carlos Onetti fue un escritor uruguayo que vivió entre 1909 y 1994, del que se ha afirmado que es uno de los grandes escritores modernos y uno de los pocos existencialistas en lengua castellana. Mario Vargas Llosa destacó el pesimismo en la obra de Onetti, y sin embargo la afirmación de que nada es inmutable es casi tan vieja como el mundo, puesto que Heráclito de Éfeso ya afirmó quinientos años antes de Cristo que el fundamento de todo está en cambio incesante, como el agua de los ríos, que parece inmutable y sin embargo nunca es la misma, porque fluye constantemente. Se podrían sacar muchos ejemplos parecidos. En la adaptación cinematográfica de las memorias de Karen Blixen, que firmaba como Isak Dinesen, tituladas, como el filme, «Out of Africa», el criado de Karen afirma que no pueden embalsar el agua que fluye, porque debe bajar hasta Mombasa, y dice, «esta agua pertenece a Mombasa» (this water belongs to Mombasa). Con ello recalca que nada nos pertenece y que todo está en movimiento. En otro momento de la película Robert Redford dice: «No somos dueños en la tierra; estamos de paso» –we're not owners here, we're passing by. (Hablo de la película porque las memorias eran mucho más breves y menos noveladas que el guion a partir del que acabó trabajando el director, Sydney Pollack) Más ejemplos: cuando leí a los quince años «Los viajes de Gulliver», de Jonathan Swift, me di cuenta de las desventajas que tendrían los hombres que lograran ser inmortales: desaparecerían todos sus amigos, el mundo cambiaría drásticamente y ellos seguirían inmutables, con lo que la soledad sería insoportable.

Ahora Onetti nos dice que cambia incluso el pasado, que creíamos inmóvil en un tiempo estático, ya muerto. Hoy no vemos igual que nuestros antepasados los monumentos megalíticos que enriquecen nuestras islas; antes eran piedras que había que aprovechar para nuevas construcciones, ahora son vestigios intocables del pasado. Muchos son los casos de grandes artistas despreciados en su tiempo y revalorizados en el futuro. En política, grandes estadistas en su tiempo, emperadores, dictadores, han sido desautorizados y hasta vilipendiados con posterioridad a su muerte. Los egipcios ya derribaban estatuas y reescribían gestas a lo largo de sus tres mil años de apogeo. De modo que ni siquiera hace falta viajar en el tiempo para poder cambiar el pasado.