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Vacas, cerdos y gallinas

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Hace no mucho leía por internet que dejar de comer queso para ser vegano es un paso difícil, no por la defensa del animal, sino porque recuerda la leche materna, o leche de fórmula de la infancia. Me quedé asombrada. No sé si esta afirmación se basa en algo científico, sino no tiene valor en sí. Pero, dicho así, si lo piensas como la conexión a tu infancia más temprana, ese vínculo fuerte que recibiste de tu madre ¡viva el queso! Pensarlo me hace feliz, es como si rescatara a mi madre, etérea hace ya una década, en lo físico. Claro, usted lector se preguntará ¿se va a hacer vegana la columnista? no, no estoy en ese proceso. Pero sí me interesa la concienciación de lo que como. Paul McCartney decía que «si los mataderos tuvieran paredes de cristal todos seríamos vegetarianos».

Recientemente Jordi Évole a través de su programa «Salvados» en La Sexta ha levantado comentarios y reflexiones tras el reportaje de Stranger Pigs, donde trataba de denunciar las prácticas poco éticas de la industria cárnica española. Imágenes de cerdos deformes en una granja y una acusación directa a la empresa El Pozo se convirtieron en lo más comentado. Este fue uno de los temas de sobremesa de un fin de semana con amigos: unos lo habían visto, otros no (como yo, no quería sufrir por el animal), y otros sí con reticencias porque son muy fans del cerdo, les gusta comer todo de él. En voz alta trasladé a la mesa una conversación que tuve con un amigo juez sobre la diferencia entre el jamón ibérico y el serrano. Yo comentaba que es mejor comer ibérico porque sabes que el cerdo ha pastado a sus anchas siendo feliz comiendo bellotas, que el cerdo rosado que no ha salido de la granja, y que es cebado en un redil para consumo masivo. Pero el juez me expuso una reflexión «entonces ¿quién es menos feliz el ibérico o el serrano? si su fin es el mismo. El ibérico sufrirá más su despedida que el condenado de nacimiento que es su liberación». Wow, me quedé sin habla. En la sobremesa seguimos hablando de los huevos camperos de los que no lo son, por las condiciones de las gallinas. Y del agua, si hacerla con osmosis o no. Estas son las conversaciones de adultos que ya pueden decidir sobre qué comer o dejar de comer, pero los niños en edad de crecimiento, por mucho que nos pese lo que hay detrás de unas lonchas de lomo, o queso envasado deben de comer de todo y bien porque son necesarios sus nutrientes para su crecimiento, y bienestar físico. No podemos decidir por ellos. Si el adulto decide ser vegano, es su decisión como persona madura e independiente, pero un niño debe ser alimentado en buenas condiciones y con variedad. Lo único que se debe evitar por todos los medios es azúcar industrial y grasas saturadas que no les aportan nada.

@sernariadna