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Habrán visto el vídeo. En él, once matrimonios, por separado, y sin la presencia de sus hijos, son entrevistados. Deben responder a una única pregunta: «Si pudieras, ¿con quién, vivo o muerto, cenarías?». Los encuestados optan por celebridades: Hogan, Monroe, Mandela, Bieber... Acto seguido, y sin la presencia de sus padres, los hijos responden a esa misma interrogante: «¿Con quién cenarías?». Todos -sin excepciones- optan o por la familia o por papá y mamá... Los niños no lo saben, pero sus progenitores los observan a través de un plasma. Una quinceañera -¡quinceañera!- argumenta: «Los queremos, hablamos sobre el colegio y cómo ha sido el día». Los adultos lloran, no sabes si de emoción o de vergüenza. Acaban de recibir una bellísima lección ética. Un padre exclama: «Sí, hay todo un mensaje ahí». Los educadores han sido educados...

TE EMOCIONASTE. Como te emocionó «Patria», de Aramburu o «El Libro de los Baltimore», de Dicker o... Mientras el primero tendría que ser de lectura obligatoria para tanto fanático/ciego independentista, el segundo se muda en un canto al amor que puede llegar a superar todo tipo de miserias... ¿Y el vídeo? Te hizo reflexionar sobre si andáis por la senda correcta. Sobre si a lo que denomináis avance es tal o, más bien, su antítesis. Si habéis confundido bienestar con acumulación de objetos. Si no habéis dejado cosas esenciales por el camino... Si sois más felices o…

Cuando, en 1975, Delibes entró en la RAE, pronunció un discurso tan impactante («El sentido del progreso desde mi obra») que, finalmente, Destino optó por publicarlo bajo el título, expresivo, de «SOS». En el texto, el vallisoletano sostenía que si, por progreso, se entendía la obtención de bienes materiales, este era innegable. Pero que, si por el contrario, por progreso se entendía la consecución de una sociedad más solidaria y sensible, el progreso era del todo cuestionable.

No crees, al igual que él, que esa mejora, real, se haya dado. Pura apariencia dorada. A la que os habéis acostumbrado gracias a una rutina letal. Pero si el hombre pudiera dormir un largo sueño y despertar habiendo olvidado lo que dejó en la vigilia, difícilmente podría aceptar lo inaceptable: la energía nuclear que puede mandaros a todos a hacer gárgaras; el hambre; el cinismo del Primer Mundo; las políticas educativas encaminadas a que los futuros adultos ni sientan ni reflexionen; la paulatina vejación de la naturaleza; el poder in crescendo del dinero como esencia y origen del mal; la explotación infantil; el enemigo hoy desconocido que actúa desde las sombras; el control absoluto del individuo por parte de las clases dominantes y un largo etcétera se muestran, a tu entender, como muestras inequívocas de ese cáncer que os corroe...

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Y os corroe también en las bases. Trabajáis mucho para dar a los hijos aquello que no tuvisteis. Les dais tablets, plasmas, cursillos, viajes... Sois buenos padres/madres -os decís-. Pero, a lo mejor, vuestros hijos/as solo os pidan tiempo, un ser escuchados y un poder expresarse. Pregunta: ¿Cuánto tiempo le dedicáis diariamente a vuestros hijos/as? Y perdonen la redundancia...

UNA CHICA encuestada lo expresa con claridad. Quiere a sus padres porque «hablamos sobre el colegio y cómo ha sido el día»... Ellos no necesitan a Marilyn, ni a Hogan, ni a Bieber...

Has trabajado casi 38 años en la docencia. Los evocas con frecuencia. Magníficos recuerdos, en general. Otros –pocos- un tanto ácidos. Como el de aquel chico ultra conflictivo (padres separados, custodia no compartida) que un día, y en tu calidad de tutor, te confesó que anhelaba ser expulsado porque, cuando eso ocurría, su madre llamaba a su padre y su padre entonces, ¡natural!, acudía y así podía verlo...

Tal vez haya que deshabituarse a lo que tenemos e ir en pos de un verdadero progreso, ese que os haga más humanos, mejores personas y gracias al cual –una vez preguntados- no deseéis cenar con Marilyn, sino con los seres que os rodean, esos que merecen, verdaderamente, la pena...