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Lo de la exvicepresidenta Soraya es también la que más altos cargos ocupó a lo largo de los años de ser la reserva de Occidente, si no de su partido, sí de Mariano Rajoy. Es lógico que ahora, se encuentre desubicada, cuando además Pablo Casado la dejó de momento sin tener donde mandarla, y ni siquiera se sabía con exactitud, en que parte de la bancada del PP había que colocarla. Toda esa situación por sí sola es merecedora de un artículo más en profundidad, pero otros acontecimientos tienen su exigencia.

La ministra de Sanidad, Carmen Montón, ha tenido que dimitir deprisa y corriendo, por tener alteradas las notas de su máster. Por si eso no fuera suficiente fraude académico, tiene tantos plagios en tantos párrafos que da pena leerlo; parece mentira que se llegue a estas presuntas triquiñuelas con total de alcanzar una titulación académica, que en puridad no le hacía ninguna falta para desarrollar el trabajo de ministra. Pero lo de su máster ha terminado por desautorizarla, no solo como ministra, incluso para ocupar cualquier otro cargo público donde la honestidad debe ser ante todo una exigencia irrenunciable. Hágase cargo señora Montón de aquellos otros alumnos que se curran sus titulaciones académicas y el sacrificio de sus padres para financiar sus estudios. Es impresentable que haya dimitido usted sin entonar un público y sincero mea culpa, más o menos al estilo de Cristina Cifuentes, bueno ella incluso lo empeoró, porque dijo que se iba orgullosa de su trabajo realizado. Ya lo dije en otra ocasión: hay gente que ni siquiera cuando se limpia el culo son conscientes que por muy alto que sea su estatus también están cerca de la mierda. Perdón por la autocita.

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Como alguien le ha tomado interés al asunto de los másteres de nuestros políticos, acto seguido apareció el extraño máster, dicho así a simple vista por lo leído, de Pablo Casado, recién estrenado el hombre para sustituir a Mariano Rajoy, que cómo se dijo ayer, miércoles 12 de septiembre 2018 en sede parlamentaria «si no tuviéramos lo del aforamiento, el señor Casado estaría imputado». Estas son las coas miré usted, que a mí me ponen a mal poner, porque veo, hasta incluso palpo, esa falacia de decir, que estar aforado no representa ninguna ventaja. Vamos, que da lo mismo estar aforado que no estarlo, porque todos somos igual ante la justicia, y eso por sí mismo es una injusticia escandalosa, y que aquí entre nos, llega a un número de aforados en España no superado por ningún otro país del mundo.

Como éramos pocos parió la abuela, hoy jueves, 13 de septiembre 2018, encontramos el eco en prensa escrita de lo insinuado en el parlamento por Albert Rivera sobre la licenciatura del presidente del Gobierno Pedro Sánchez. El «ABC» publica un aviso para navegante, dirigido a la honestidad académica del actual presidente de Gobierno, cosa que de ser cierta, en gobiernos de otros países llevaría aparejado la dimisión fulminante. De momento me hace falta leer otros datos y cotejarlos, pues intuyo que todo podría ser un acoso y derribo, quizá incluso urdido por gente del PSOE, que ya sería el colmo. Creo que hay que analizar este asunto con la serenidad de la calma y no entre la codicia de mezquinas venganzas. Ni quito ni doy razón, solo pienso que un hecho de esta naturaleza hay que pensárselo mucho antes de acusar a nadie. Creo que no sería una pérdida de tiempo crear una comisión extraparlamentaria para evitar el amiguismo y el corporativismo, para darle un buen repaso a los expedientes académicos de nuestros políticos, que sin dejar la política limpia de corrupción, estamos añadiendo ahora la corrupción universitaria.

No sé qué les pasa a nuestros políticos, pero la honestidad para algunos no es su mejor bagaje para ocupar un cargo público.