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El difícil trabajo de ser juez

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Escribir sobre la justicia que ese y no otro es el material con el que trabajan los jueces, no me alegra del todo la mañana, porque aquí hay que cuidar muy cuidado lo que uno dice, no vaya a ser que por quítame aquí unas pajas, alguien con las puñetas sensibles me llame al orden, de manera que intentaré escribir sin perder la vista en otro menester que no sea el respeto y la cortesía.

Estos días andan las aguas revueltas con los jueces del Tribunal Supremo a cargo de las hipotecas, hasta que ha decidido el gobierno una especie de tabla rasa, y poco menos que ha dejado al alto tribunal en un aprieto respecto de su prestigio en el oficio de tener la última palabra. Pero según dicen los expertos, han sido los propios jueces los que han malmetido el tema de las hipotecas, y no estando del todo asumido este asunto, hemos pasado cómo quien dice, corriendo y deprisa a la complejidad resultante de que sin conocer el nombre de los veinte vocales que deberían elegir a quien se nombra para presidir el poder judicial, resulta que éste por así decirlo, ya está elegido. La explicación parece sencilla aunque para mi entender nada ortodoxa. Resulta que PSOE y PP, deciden entre ellos el nombre que estará al frente del poder judicial. Así las cosas, ya me contarán ustedes qué valor y qué consecuencia puede tener los veinte vocales que debían haberlo elegido.

Un pacto político ha sido el que ha decidido situar al frente del poder judicial a Manuel Marchena. Tal acuerdo no ha gustado nada a las asociaciones de jueces por la politización con que se ha llevado la elección, y como lo que no está bien suele acabar estando mal, el martes 20 de noviembre, el juez Manuel Marchena dimite. Parece que la gota que colmó el vaso ha sido por los watsapps de Ignacio Cosidó. De paso, PSOE Y PP convierten las cañas en lanzas, cosa frecuente entre estos dos partidos. Así estaban las cosas el 20 de noviembre cuando escribí este artículo, puede que cuando se publique la situación haya cambiado.

En cualquier caso, leo un titular en la portada de «El País», martes 13 de noviembre 2018, que reza «El nuevo poder judicial será más progresista». En mi opinión el nuevo poder judicial no debería de ser ni más progresista ni menos, basta con estar a lo que contempla la ley ¿Qué puede decidir o no decidir un juez de perfil progresista en comparación de otro que sea conservador sin sentar jurisprudencia? Un juez es un juez sin otro adjetivo añadido o así debería de ser «de los jueces deberíamos esperar que apliquen la ley con precisión e independencia y todo el conocimiento jurídico que puedan atesorar» (Pepa Bueno en «El País», 14 noviembre 2018).

Dicho muy sencillo simplemente con el afán de que se comprenda- Parece que un juez conocido el sumario y escuchada las partes, aplica el código penal en vigor, aunque luego, esto que parece simple, puede empezar a complicársele, porque como somos muy garantistas, aparecerán los recursos, que pueden tardar en ser sustanciados. No es la primera vez que el procesamiento judicial haya pasado a manos de otro juez, que deberá defender, supongo yo, lo ya juzgado o modificar el sentido de la sentencia. Lo que entiendo menos es lo del juez progresista y lo del juez moderado o el juez conservador. Ahora está de moda que a un juez se le busque un perfil, y el perfil nace de lo satisfecho o insatisfecho que haya quedado el individuo al que acaban de entregarle una sentencia.

En cualquier caso, yo prefiero que un juez, antes que el perfil de buen juez, tenga el perfil de juez justo, sabiendo que no es nada fácil juzgar. Los jueces parece que deban de llevar adosado a las puñetas un detector de mentiras porque hay mentiras que ganan juicios, y en eso de ganarse bien la vida mintiendo, hay auténticos maestros, y como además, podemos mentir en defensa propia, no veo nada fácil el trabajo de los jueces.