La columna

Por arte de magia

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Ayer fue el día de los Reyes Magos, lo que me lleva a evocar la “magia” de una noche en la que todo es posible, incluso que tres “reyes” con sus pajes visiten cientos de hogares al mismo tiempo y hagan felices con regalos obtenidos por arte de birlibirloque a niños y mayores. Pero parece ser que la palabra “mago” proviene de la lengua persa, en la que ma-gu-u-sha significa “sacerdote” Por lo visto ciertos sacerdotes persas estudiaban antiguamente las estrellas en su afán por encontrar a Dios. Se da el caso de que solo el Evangelio según San Mateo habla de estos “magos”, sin aludir a que fueran reyes; esto se instituyó en el siglo III, pues hasta entonces se consideraba que eran personajes eruditos y acaudalados. En aquel momento se dijo también que eran tres, número que aún no se había precisado. Pero hasta el siglo VI no se estableció que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar, y ya fue en el siglo XV cuando el rey Baltasar fue conocido como perteneciente a la raza negra, representando a África, mientras que Melchor y Gaspar representaban a Europa y Asia respectivamente. En España no fue hasta el siglo XIX que se inició la tradición de convertir la noche de Reyes en una fiesta infantil con regalos para los niños.

Todo tiene su intríngulis y no hay nada nuevo bajo el sol. Los magos fueron antes sacerdotes, y en España se imitó la tradición de otros países que entregaban los regalos el día de Navidad, con la figura señera de San Nicolás. Por cierto que los magos ofrecieron oro al Rey de Reyes, incienso como el que se quemaba en los templos en honor de los dioses y mirra como la que se usaba para embalsamar a los muertos, porque ya sabían que Jesús iba a morir por todos nosotros. Supongo que a estas alturas los Reyes Magos aún dejarán oro en algunos hogares acomodados, o entre parejas de novios; pero no creo que echen mucho incienso o mirra. Más bien ilusión en la segunda acepción de la palabra: “Esperanza cuyo cumplimento parece especialmente atractivo” Aquí hay que hacer notar un par de cosas, la primera que aquellos que se hayan portado mal y hayan recibido carbón no tienen que preocuparse, porque se trata de carbón dulce, la segunda que “es sabido que quien mucho desea cuando lo tiene piensa ya en otra cosa que nunca tiene” como dicen en la zarzuela Doña Francisquita. Pero ya saben que según el refranero “al pobre y al feo, de todo le da deseo” y que uno debe andarse con cuidado con lo que desea, porque a lo mejor lo obtiene.