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Ciudades sin niños

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Esta semana de vacaciones por ser el Día de las Balears hemos estado en mi ciudad natal, Valencia. Y me he dado cuenta que las ciudades sea ésta, Madrid, Barcelona, o… no incluyen a los niños en el centro. Ni en no centro. Estuvimos paseando por el casco antiguo y bohemio del barrio del Carmen y encontramos un parque infantil si se le puede llamar así, lleno de pintadas, y bastante sucio. Y allí almorzamos, porque lo que es el tema de restauración ni blas incluyen a los niños. Todo es consumir, en un mundo de adultos.

Es curioso cuando te acercas a un restaurante para pedir mesa para comer y te ven con niños, todas las mesas están cogidas si hablamos de fin de semana. Parece que los ‘bajitos’ molestan. Y eso es preocupante. Ya hay hoteles sin niños, trenes de vagones de silencio. Qué mundo más sórdido y gris sin la carcajada o el llanto de un niño.

Ahora entiendo por qué Maó es «ciudad amiga de la infancia». Hay muchos espacios públicos de juego, los parques. Y en buen estado casi todos, sino fuera por los grafiteros espontáneos.

Las ciudades están limitando los espacios de niños cada vez más. Solo al empresario le interesa el consumo de masa. Pero no veo la delicadeza de pensar en ellos en ningún momento. Parece que cuando llegas a un sitio molestes por traer futuro.

Sí, hay edades tormentosas de 2 a 3 años que los padres lidiamos estoicamente y como mejor podemos. Pero se necesita del resto del entramado de tribu, la sociedad, para que el crecimiento del niño se desarrolle con libertad.

Recientemente fuimos a la biblioteca pública de Valencia. Hacía tiempo que no iba. Y me apetecía enseñársela a mis hijos. Fuimos a la sección infantil, a la parte de ‘bebeteca’ un espacio para niños desde bebes hasta 5 años. Mis hijos cumplían la norma. Hasta ahí bien. Acompañados de un adulto, también bien, porque estaban conmigo. Y ¿qué hacen unos niños de casi 3 años y 4 años? ¡Quedarse como estatuas leyendo en silencio! Pues no. Juegan y más si el espacio así lo presta. Les iba de vez en cuando corrigiendo el tono para que lo bajaran, pero desde luego que no les paré el juego. Una de las colchonetas del suelo estaba cambiada de sitio –literalmente- y la bibliotecaria estaba ya irritada, porque lo había dejado ordenado y ahora venían mis hijos a desmontarlo. Mi hija sin que se lo dijera yo volvió a poner la colchoneta en su sitio. Una lección para la señora. Pero a ver ¡si es un sitio de niños y el espacio es para niños, y hay una adulta responsable! Para que irritarse. O es que su trabajo ¡es solo prestar libros!

De verdad estamos llegando a una sociedad donde los niños cada vez tendrán más problemas de adaptarse a la sociedad sino lo les damos libertad. Sino les dejamos expresarse.

Se necesitan más espacios verdes, más parques infantiles respetados, y más restauración en el centro de las ciudades donde el niño se sienta incluido.

@sernariadna