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No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y valoras muchísimo más las cosas con las que cuentas en tu día a día. Por ejemplo, el respirar. Llevo unos días con un trancazo de los que hacen época. Genero yo solito más mocos por minuto que la más eficaz de las máquinas que pululan por las guarderías. Perdón, niños. Y esta sensación terrible que me acompaña me dificulta las tareas más sencillas. Respirar mola. Independientemente de que te permita seguir estando vivo, respirar es un puntazo y deberíamos valorarlo como se merece.

Con la primavera alterándonos lo que quiera que altera la primavera, llega la puñetera alergia, a la que de momento no tengo el gusto de conocer, por mucho que la falta de lluvia haya ayudado a que mi terraza luzca una curiosa capa de polvo amarillo. En estos días de respiración selectiva, me solidarizo con aquellas personas que viven con el temor de que la llegada del buen tiempo les trastoque la salud.

He gastado más pañuelos en dos días que en todo lo que va de año. Soy una máquina de hacer estornudos con sus correspondientes explosiones descontroladas que pueden afectar a las personas de mi alrededor. Apenas diferencio el sabor de lo que como y subir una escalera me resulta un suplicio. Pensarás que exagero, pero lo llevo fatal porque, en verdad, soy un mal paciente, un mal enfermo.

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Pero eso se debe a que vivo tan feliz despreocupadamente que a veces se me olvida valorar aquello que consideramos normal. Mientras te escribo, por momentos se me destapona uno de los orificios nasales y siento como el aire me llena de vida, de olores, de ilusiones… Y acaba. Seguramente dentro de un rato se me destapone el otro en la enésima tregua que me regala un resfriado de lo más común.

«Menuda chorrada», pensarás, y no te falta razón. Me toca despedirme durante un tiempo, como hice hace 4 años, por obligaciones políticas. «Se viene un follón» para el que me han pedido que ceda este coto privado de ideas durante unas semanas hasta que pase la temporada de urnas, no vaya a ser que os coaccione con mis absurdas historias de mocos, teorías estúpidas y crónicas de mi peculiar día a día. Bromas aparte, espero que tengamos la fiesta en paz y que por encima de todo gane la Democracia. La de verdad, no la que te quieren imponer.

¡Hasta luego, cocodrilos!