Café del mar

Servidores públicos que se van bien servidos

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Uno de los aspectos más positivos de la renovación del liderazgo en los pricipales partidos es que también hay renovación en la nómina de cargos públicos que ocupaban escaño en régimen de posesión.

La presentación de las listas al Congreso de los Diputados ha descabalgado a veteranos que habían hecho del servicio a la política su profesión. La teoría dice que ocho años, o doce incluso, es un tiempo razonable, pero son muchos los que han sobrepasado la veintena, no solo en el Congreso, sin mostrar signos de fatiga y sin intención ninguna de renunciar.

A unos cuantos ahora no les ha quedado más remedio que dejarlo porque ni Sánchez ni Casado les quieren. Entre los ilustres, según ha publicado «El Mundo», Celia Villalobos, es el principal exponente. Diputada desde 1986, ha sido además ministra, alcaldesa de Málaga, eurodiputada y vicepresidenta del Congreso, función en la que mató el aburrimiento jugando al candy crush. Ha acumulado más de 200.000 euros y dos viviendas en régimen de gananciales, según su declaración de bienes.

Por el otro bando, el mejor ejemplo es José María Barreda, quien empezó como servidor público en 1987. Ha sido diputado durante las tres últimas legislaturas y antes senador y presidente de Castilla La Mancha durante siete años. Más de 200.000 euros en sus cuentas y cuatro viviendas al 50 por ciento es el resultado material de su dedicación.

Hay una docena de históricos que, euro arriba euro abajo, se van en parecidas condiciones. Ahí está Gaspar Llamazares, 30 años en política y 250.000 euros en sus cuentas, porque el negocio no discrimina por ideología.

Sé que hay un punto de demagogia al hablar de lo que ganan los políticos, pero también lo hay de denuncia hacia quien no ha hecho otra cosa, quizás porque no sabía, no lo ha necesitado o ni siquiera lo ha intentado.