Dietario

El arte del incumplimiento

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29-III-19 Viernes

Las cloacas del Estado siguen drenando su fetidez ante el estupor (o quizá peor, ¿indiferencia?) de la ciudadanía. Si hace lustros fue la incalificable guerra sucia contra el terrorismo etarra que emprendió irresponsablemente el gobierno socialista, ahora, en pleno siglo XXI es el último gobierno del PP el que entronca directamente con aquella página negra de la historia de la democracia española, con las andanzas de la llamada policía patriótica del entonces ministro del Interior Fernández Díaz y de su director general de Policía Ignacio Cosidó (el mismo que hace poco se jactaba de controlar al Supremo desde detrás), quienes se dedicaron a espiar y/o desprestigiar a políticos peligrosos como Iglesias y a políticos catalanes, inventando currículos delictivos, además de condecorar a vírgenes y a policías tan siniestros como Billy el Niño...

30-III-19 Sábado

Ya es mala pata que el único político que cumple sus promesas electorales sea Donald Trump, el magnate inmobiliario devenido en presidente de la nación más poderosa del mundo, quien se empeña en ser fiel todas y cada una de las delirantes promesas de su programa electoral: romper todos los consensos internacionales en política exterior, salirse del acuerdo de París sobre el cambio climático, iniciar una guerra comercial global, bajar los impuestos a las grandes fortunas... Menos mal que no ha conseguido (por ahora) cargarse el Obamacare, aunque lo sigue intentando denodadamente, y tampoco parece que vaya a conseguir construir el muro de la vergüenza, aunque no pondría la mano en el fuego.

La reflexión me lleva a recordar los primeros y sonoros incumplimientos de nuestra democracia, los famosos 800.000 puestos de trabajo y la salida de la OTAN por parte del primer gobierno de Felipe González, que no impidieron su reelección varias legislaturas. En aquellos tiempos, el pensamiento oficial se sacó de la manga el dictamen del prestigioso sociólogo Max Weber sobre la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades; en interpretación libre y para entendernos, la primera sería la que redactaría los programas electorales, mientras que la segunda explicaría el sentido de responsabilidad sobrevenido al ejercer el poder. Siguiendo pues la ética de la responsabilidad, Felipe González se habría dado cuenta, nada más entrar en el gobierno, que si quería ingresar en Europa debería hacerlo también en la OTAN, y así se produjo el vistoso cambio de postura del OTAN de entrada, no, al OTAN sí, por supuesto, referéndum mediante, todo un virtuosismo incumplidor... Ojalá los británicos le imitaran.

Trump cumple porque tiene convicciones pétreas y es incapaz de modificarlas porque carece del más elemental sentido de la ética responsable y, por supuesto, de cintura intelectual. Gobierna para quienes le votaron, caiga quien caiga. Pero cumple, eso sí. Medio mundo hubiera preferido que también en eso se hubiese parecido un poco a los políticos de corte tradicional, es decir, incumplidores. Y hablando de la OTAN, parece que se avecina un Trumpexit. Al tiempo.

31-III-19 Domingo

Interesante aunque un tanto cansina entrevista de Jordi Évole con el papa Francisco, que se muestra cercano (canchero, dirían en Argentina) en temas inocuos, emotivo con los emigrantes y reservado en los asuntos delicados. El periodista es incisivo pero amable, no acorrala ni apabulla, y el Pontífice solo patina (con cierto estrépito) al referirse al despertar homosexual como «rarezas que hay que llevar al psicólogo»... Ah! Y al negar la divinidad de Leo Messi.

2-IV-19 Martes

Las grandes superficies comerciales han conquistado sus últimos objetivos militares, pero una pequeña aldea, poblada por irreductibles mahoneses, resiste al invasor. Son los supervivientes del acoso, ciudadanos admirables que se niegan a claudicar, entre otras cosas porque aman a su ciudad y saben que cada vez que muere un pequeño comercio muere algo de nosotros. Los veo por la tarde reunidos en una esquina de Sa Plaça urdiendo planes de supervivencia...

La escritora Rosa Montero se espanta de lo que estamos haciendo con los pequeños comercios. Esos cadáveres urbanos, dice, son nuestros muertos, y se refiere a la compra on line como gran depredador del tejido urbano, pero el argumento sirve también para las grandes superficies. Que ganen un poco menos, concluye, y que sobreviva el comercio humano... Por todos los santos, proclama la escritora: ¡desenchúfate del maldito ordenador y sal a comprar a la tienda de enfrente!...

Gente admirable los comerciantes de Sa Plaça, con quienes departo casi todos los días y me siento cómplice sus cuitas. Ahora parece que va a volver el pequeño súper del sótano, esencial para completar compras. Es una gran noticia: el enfermo se resiste a perecer, mantiene sus constantes vitales y hace planes de futuro… Que contraten de gerente a Trump para que los cumpla...