Te diré cosa

Diccionario electoral de sinónimos

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Ante lo que se avecina (creedme, hermanos cuando os digo que que la que nos está cayendo hoy os parecerá poco mañana), considero oportuno facilitar al posible votante un manual de autoayuda que sirva de guía para entender mejor a los amados líderes y lideresas que, a modo de caballeros y amazonas andantes, máquina de prometer en ristre, frente bien alta, voz engolada los más pijos, aterciopelada los más seductores, gritona los más mitineros, arremeterán con su armadura de gala, recién bruñida, y sus últimas creaciones en el mundo de la consigna ocurrente contra la expectante masa de contribuyentes ansiosos de recibir el consuelo que siempre proporciona la fantasía.

Acto primero:

Candidato A: -No me consta.

Candidato B: -Y usted más.

Baja el telón. Más que nada para que el público tenga tiempo de reflexionar sobre la profundidad del intercambio de paradigmas que ese diálogo encierra.

El segundo acto será más fluido y se escucharán cosas chocantes, de manera que es mejor disponer de un traductor fiable. Digamos que sería algo parecido al lenguaje de las agencias inmobiliarias: en donde dice «coqueto salón» el traductor aclararía que quiere decir que posiblemente no quepan en él más de tres personas a un tiempo. Donde se anuncie un «gracioso apartamento bien comunicado» pudiera muy bien significar «agujero en el extrarradio con estación de cercanías a tres tiros de honda». Y cosas por el estilo, el avisado lector ya me entiende. Pues bien, los amados líderes en época de berrea electoral (fuera de ella tampoco son mancos) tienden a tirar de metáfora.

Donde oigáis «tenemos que proporcionar a la España vacía iguales servicios de los que gozan los urbanitas», frase bonita donde las haya, debéis interpretar que es una aseada metáfora que en su expresión más desnuda de adorno retórico vendría a ser: «Hasta ahora ni los azules ni los rojos con mayorías absolutas hemos podido (ni querido) atender a las necesidades de la España rural como se merecerían, por al menos dos motivos: 1- Saldría muy caro (casi tan caro como el rescate bancario o el exceso de cargos). 2- Los pocos -aunque ahora parecen muchos según soplen las encuestas- diputados que podrían presionar, no lo hacen porque se juegan desde una colleja hasta no salir en la siguiente foto». «Ahora nos acordamos de esos pringados porque están en juego sus buenos escaños. Pero en cuanto pase este trago todo el asunto volverá al cajón de siempre».

Si lo prometido suena a «acabar con la corrupción, hacer justicia con los que tanto nos han robado, limpiar las cloacas, revisar el poder judicial», en realidad deberemos interpretar que si, que todo eso es muy bonito, pero muchas cosas ya son agua pasada, que otras no corren tanta prisa, que la cloaca es mejor no menealla demasiado, no vaya a ser que salga una cucaracha de las nuestras o un affaire que no sería bueno mostrar al contribuyente, no se vaya a mosquear. Por supuesto se va a procurar renunciar a reparto de jueces, pero no hoy: mañana si Dios quiere.

Si lo que se oferta es una subida de lo que sea, pensiones, prestaciones; o una bajada de lo que sea, matrículas universitarias, fiscalidad para los autónomos etc, debe quedar claro que: Estas medidas no salen baratas, «se hará lo que se pueda». Otrosí: «Si acaso, lo pagarán los bancos, las grandes empresas y los ricos». Esto último requiere traducción: «O no será en absoluto, o lo pagará Juan Español; los bancos, las grandes empresas y los ricos no se chupan el dedo y apadrinan a quienes después tomarán las decisiones convenientes» (ya sabéis, lobbys, puertas giratorias, ingeniería fiscal...).

Cuando parezca que se preocupan por el no nato debéis saber que en realidad el asunto de restringir el aborto, si es que aparece en campaña, es de broma, pues será lo primero que desaparezca de la lista de prioridades (también abortan las suyas).

En general, la regla ante lo prometido sería: puede que sí, puede que no. Excepto con los de Vox que como lo que les pone no es muy caro (cara al sol y tal) igual lo cumplen.

Por mi parte, siguiendo su ejemplo proclamo: No os preocupéis: «Os votaré a todos».