Contigo mismo

Kit de supervivencia

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Si usted lee este artículo (¿hay alguien ahí?) lo hará probablemente el martes 23 y este país se hallará en plena campaña electoral. ¡Sí! ¡Lo sé! Usted –has iterado el ‘usted’- no las soporta –las campañas-. Si todos los que no las aguantáis formarais, incoherentemente, un partido político, ¡oiga!, que arrasáis... También sé que, si pudiera, como casi todo hijo de vecino, usted (¡otra vez!) se escaparía al polo opuesto del planeta y no regresaría hasta que hubiera concluido el proceso...

Y en esas estabas cuando te enteraste de que el inventor de la fregona y el de la chapa de botellines se habían convertido en multimillonarios gracias a sus respectivos inventos... ¡Mire usted por dónde! Dos gilipolleces y ¡a vivir! Fue entonces cuando decidiste igualmente tú sacarte algo de la chistera, algo inane, banal, pero que te permitiera tratar al director de tu banco (ese ser que, según dicen, existe) de ‘tú a tú’... Pero, ¿el qué? Con la interrogante de marras te acostaste...

A la mañana siguiente entraste en un supermercado a comprar una barra de pan... A la hora de pagar, la cajera te informó de que si querías la susodicha barra de pan, tenías que comprar, forzosamente, otros nueve productos: un desatascador, diez litros de lejía, unas toallitas, treinta quilos de patatas, papel higiénico, un sacacorchos, una butifarra, con o sin lazo amarillo, un producto con soja, un salero y lentejas, por aquello de que «si no las quieres las dejas». «Como en las listas electorales cerradas» –te dijiste-. Optaste finalmente por renunciar al pan, mientras la dependienta soltaba una carcajada aterradora...

Sudoroso, te despertaste. Sin embargo, la pesadilla te hizo caer en la cuenta de que tu invento salvador debía relacionarse con la política... ¡Era época electoral! Y se hizo la luz: ibas a fabricar un kit (o sea: el ‘equipo’ de toda la vida) para que el pueblo pudiera sobrevivir a esos aciagos días... ¿Qué elementos conformarían ese ‘equipo’ (lo siento: no conozco sinónimos)?

Los tranquilizantes serían básicos. 21 pastillas de Trankimazin a razón de 3 por día.

Para este primer elemento –pensaste- será del todo preciso trapichear con los bajos fondos, pero...

Acto seguido, se mudarían en insoslayables unas gafas de sol, sí, de esas opacas, que no permiten ver a cuantos te rodean dónde carajo miras... Como aditamento, unos sólidos tapones para los oídos. Aquí el trapicheo resultaría del todo innecesario. Estos dos elementos serían de especial utilidad en el caso de que, por uno de esos compromisos ineludibles, tuvieras que asistir a un mitin. Los artilugios te permitirían, entonces, dormir la siesta sin ser descubierto, mientras el candidato de turno anunciaba que, de llegar al poder, se construiría un puente levadizo entre Menorca y el resto de las islas, por aquello de hacer comunidad o patria...

Si lo del Trankimazin no funcionara por mor de una quiebra inventor/’camellos’), el susodicho podría sustituirse por vodka, ‘pomada’ o gin amb llimonada (¡no vayamos a liarla!)

Completarían el kit varios libros de autoayuda (de especial interés resultaría el titulado «De como quedarse sordo durante siete días y recobrar luego la audición»), una cita preestablecida con un psiquiatra (por aquello de las secuelas) y una biografía sobre la vida del santo Job. Sería discutible la inclusión o no de algunas revistillas algo subidillas de tono...

- ¡Eureka! ¡Lo lograste! –exclamas, emocionado-.

- Seguro que ‘Amazonia’ o ‘El Corte Brexit’ te dan un pastón por la patente –prosigues-.

Ahora bien: si usted es masoquista, no adquiera ese producto y dese de baja de esas cadenas de TV de pago. Van a serle, por lo menos durante una semana, del todo innecesarias. Vea, en su defecto, informativos y debates. Hallará de todo: comedia, fantasía, ciencia-ficción, violencia, guiones que no se sostienen, animación, efectos especiales (muchos efectos especiales), etc. ¿Drama o tragedia? No, eso viene luego, cuando se han cerrado los colegios electorales...