Te diré cosa

Declaración de principios

|

Valorar:

Se acerca el momentazo «urnas bis». Emoción, intriga. Como me propongo ensalzar en este contexto a la aspirante a la alcaldía de Mahón Águeda Reynés, me precipito a dejar escrita previamente una declaración de principios, no sea que comience a hacer amigos y/o enemigos en terrenos injustificados.

Declaro pues mi más íntima e incondicional repulsa por Aznar (imagino que el sentimiento sería mutuo de -Dios no lo quiera- llegar a conocernos). Desde su miserable actuación tras los atentados del 11-M, pasando por su elenco de amigos y colaboradores íntimos encarcelados o encausados por corrupción, continuando por su maestría para salirse de rositas y con gesto chulesco de sus graves errores, fruto quizás de su injustificadamente sobredimensionada autoestima, hasta llegar al núcleo duro de su ideología y personalidad, el señor Aznar cuenta con una buena cantidad de la antipatía que soy capaz de sentir por otra persona. Confieso así mismo que la mayoría de miembros destacados de su partido me causan un profundo rechazo. Dicho esto, puedo declarar y declaro que Águeda Reynés no me produce tales sentimientos negativos.

¿Por qué? Pues entre otras consideraciones (la creo honesta), porque ella y su equipo hicieron (en lo que yo alcanzo a evaluar) más cosas y mejor hechas que el resto de ediles que la precedieron y sucedieron (excluyendo quizás a Borja Carreras).

Su paso por la alcaldía, contrastando con otros ensayos prácticamente anodinos, dejó una huella claramente positiva en la ciudad. De hecho creo que hubiera sido mejor para Mahón que hubiese disfrutado en su día de un segundo mandato para rematar faena. No fue así, de manera que han pasado cuatro años de encefalograma plano (repito: en aquellos asuntos de los que tengo constancia) en nuestro municipio.

El editorial de este periódico el pasado 8 de mayo denunciaba (cargado de razón, pienso) las trabas administrativas para tramitar proyectos en Menorca, mencionando en esa ocasión uno de los innumerables ejemplos en los que los trámites se prolongan injustificadamente por años, incluso cuando las iniciativas fueran declaradas de interés general; imaginemos cómo será cuando las patrocina un inversor foráneo. A menudo la incompetencia y los prejuicios hacia el emprendedor se disfrazan de ideología; muchos de los proyectos dejados en el pudridero eran beneficiosos para la Isla, respetuosos del entorno, sostenibles y posiblemente bellos.

He leído hace poco que un nuevo aventurero (espero por su bien que esté bien apadrinado dentro del laberinto administrativo) ha comprado Rocamar para hacer apartamentos de lujo con amarres a pie de residencia. Pienso que la idea será considerada positiva por gran parte de las personas que entren a valorarla: puestos de trabajo durante la remodelación del edificio, puestos de trabajo después de su puesta en marcha (mantenimiento, limpieza...), abundante dinero en circulación por la holgada capacidad adquisitiva de los propietarios o inquilinos que habiten esas viviendas; sin olvidar los ingresos en forma de impuestos, ibis etc que entrarán en las arcas municipales, de Autoridad Portuaria, etc., etc.

Pero resulta que esa misma idea la han tenido antes otros inversores. ¿Qué se encontraron estos incautos? Un boicot correoso por parte de las administraciones que les hizo perder tiempo, salud (pone muy nervioso que te puteen sin una razón clara) y dinero. Al fin y al cabo quienes por negligencia o comodidad (es más fácil negar o no contestar que solucionar) impiden el desarrollo de ciertas iniciativas ventajosas para la comunidad no perciben en sus emolumentos una merma proporcional al daño causado por omisión a la economía común. Mi sensación es que si evaluamos en una escala que mida el factor compuesto incompetencia/indolencia, Águeda Reynés y su equipo saldrían bastante más airosos del test que el actual equipo que gobierna nuestros intereses desde el consistorio.

Creo sinceramente que Mahón y Menorca harían bien en limpiar y engrasar un poco el mecanismo que permite/impide un sano desarrollo. La burocracia y la inoperancia solo suponen un inoportuno lastre.