Vía libre

Colas en la cumbre

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No es la cola de la caja del supermercado, ni de la pescadería, ni siquiera la de la operación salida de Madrid en agosto o ese acceso a Macarella que nos vuelve locos cada verano. No. La foto que ha dado la vuelta al mundo y ha sido la más comentada estos días –al margen del ruido electoral–, ha sido la que muestra el atasco en el camino hacia la cima del Everest. Una de las imágenes de esa caravana de alpinistas –más de 200 personas–, la tomó Nirmal Purja, exsoldado nepalí, quien es testigo y protagonista al mismo tiempo de la sobreexplotación de esas cumbres, ya que él mismo está inmerso en una carrera (un reto personal lo llaman ahora) por escalar 14 montañas de más de 8.000 metros en un tiempo récord de siete meses. La imagen es tragicómica. Trágica porque ha habido víctimas mortales por la espera en las alturas debido al atasco, y cómica, más bien ridícula, porque es exponente de cómo buscando lo auténtico y la vanidad acabamos siendo unos borregos. «Hombre, cuánto tiempo, el otro día me encontré a tu hermano en la cola del Everest, o en la del Taj Mahal», va a ser la próxima conversación de ascensor.

El abaratamiento del transporte aéreo ha permitido globalizar el mercado turístico, nos ha posibilitado viajar más, ha democratizado este placer al hacerlo más asequible, y eso hace que los destinos icónicos se llenen: todos queremos quedar fascinados por Venecia y todos los escaladores quieren rozar el cielo. Un negocio en el que estamos plenamente inmersos, como receptores y emisores y que se enfrenta a críticas sobre su coste medioambiental, no solo en cuanto al impacto en el destino, sino a los efectos de tanta movilidad sobre el clima. El transporte aéreo es ya blanco de propuestas contra la contaminación, una de ellas se expuso recientemente en Alemania. Un diputado verde planteó crear una ley para limitar a tres el número de viajes de ida y vuelta en avión por persona y año. Se nota que no vive en una isla, pero lo cierto es que la abstinencia viajera para limpiar la atmósfera, que tiene ya muchos seguidores en países nórdicos, nos afecta de lleno y es el próximo debate por venir.