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El niño o el adolescente (¿11 años?) le exige a su madre la compra de no sé qué... La madre, aterrorizada –y no es una hipérbole- esgrime un «no» lánguido... La criatura insiste y...

Entras en la Penya del Barça. Y tomas el café matutino, que tiene algo de resurrección. Ese café que huele a gloria, aunque sea descafeinado y sin azúcar... Los clientes se pelean por un ejemplar del MENORCA. Puede que ahora sí exista cierta exageración. Pero... «Es Diari» (¡qué gozada!) forma parte de vuestras vidas…

Los gritos de la criatura penetran en el bar... La criatura, sí, insiste...

Sales y aún el pequeñajo sigue ahí, exigiéndole a su madre –ahora lo sabes- un móvil de última generación... ¿11 años? ¿10? ¿12? La madre cede... Y le promete que sí, que va a ser que sí... Para rematar la faena, como para asegurarse, el chaval le da una patada en el talón de Aquiles... Ese talón que preside vuestras vidas... El progresismo a ultranza se muda en cartera ministerial, los partidos se usan y tiran, dependiendo de la aritmética (¿me salen las cuentas?), las elecciones son solo antesala de todo tipo de pactos anti-natura…

Vives –lo sabes- en la ambigüedad: los populismos crecen a tenor de la miseria. Y, por tanto, no harán nada por remediarla. El programa de un partido histórico se reduce a un nombre. Otro, navega entre mil aguas. Y uno no sabe muy bien a qué juega. La derecha no se recicla ni va hacia el centro, ni utiliza el verbo regenerar... Y, para más inri, emana de no sé dónde, una extrema derecha que asusta...

Cuando sales a la calle no ves ya al niño. Probablemente su madre y él estarán en una tienda de telefonía móvil...

Son las once de la mañana. Tomas tu segundo café en la Penya del Barça. Está silenciosa. No hay agobios mañaneros. Aseda la luz que pugna por entrar. Ves con Vanessa y Selene un vídeo de «El Hormiguero». En él, Pablo Motos entrevista a Albert Espinosa, autor de algunos libros de autoayuda magníficos, a pesar de que nunca creíste en ellos. Porque los suyos, los de Espinosa, no son adoctrinamiento, sino la descripción, aterradora, pero valiente, de lo vivido... Espinosa ha padecido tres cánceres. El primero a los 14 años...

Pero que nadie piense que su popularidad se debe a su enfermedad. Su obra es extensa, brillante... En ese programa de televisión te suelta frases como «no perdí una pierna, sino que gané un muñón»; «no perdí un pulmón, sino que aprendí que con la mitad que tienes puedes vivir», etc…

Vanessa te dio a conocer ese vídeo. Se lo agradezco en el alma...

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«Ama tu caos» - exclama casi al final del programa-.

El niño/adolescente puede que siga pataleando...

Que dé coces a su madre...

Que se sienta infeliz por no tener lo que sea...

El vídeo que contemplamos Vanessa, Selene y tú en la Penya debería proyectarse en todas las escuelas e institutos públicos. Porque en ellos se enseñan multitud de disciplinas esenciales, pero no las más esenciales... Alguien le dice a un alumno que debe estudiar, pero nadie le dijo cómo estudiar... Les leímos cuentos maravillosos y los escolares creyeron que la vida era eso... Fuimos indulgentes, por un amor, tal vez, mal entendido...

Al fin y al cabo, la vida les espera más allá de las puertas de un instituto...

Y no estarán, como están, entre algodones...

Ojalá hubiera un pacto educativo, ¡ya!, donde se priorizara todo aquello que les sirva para vivir con honestidad y morir con dignidad...

En la Penya, tras ver esa entrevista, te sientes avergonzado. Vanessa te proyecta un «Mi primer día» de «Aslandticos». Y te sientes todavía más miserable. Por quejarte de tanta estupidez, por no amar en demasía, por...

Si estas actitudes o sentimientos se pudieran envolver, materializados, en una bolsa de papel, los recogerías y saldrías de Sa Penya e irías en busca de ese niño que hace poco, tan poco, hirió a su madre, para regalárselos... En el supuesto de que pudiera apreciarlos...