Vía libre

No son objetos

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Muchas veces, demasiadas, la separación de una pareja que tiene una mascota es para el animal sinónimo de abandono. En el mejor de los casos podrá ser adoptado por otra familia, no sin antes pasar por el trauma de ir a una perrera/gatera que para muchos se convierte en una cadena perpetua o en un corredor de la muerte. No fue así para Cachas, simpático nombre para un West Highland Terrier, que pasará seis meses con cada uno de los miembros de una pareja que se ha divorciado y reclamaba la custodia compartida del perro; sus gastos veterinarios irán a medias. El caso se ha tratado como una demanda matrimonial y un juez de un Juzgado de Primera Instancia de Valladolid ha considerado a Cachas «un ser de especial sensibilidad» y ha dictado una sentencia justa, que se avanza a la reforma del Código Civil que está en trámite para que los animales, y especialmente los que conviven con nosotros, dejen de ser considerados como objetos. Pero mientras en este caso concreto la sentencia es acorde con la realidad social del tiempo en el que vivimos, ahí tenemos a las compañías de transporte, que siguen pensando que un perro es como el equipaje, aunque la justicia y sus compañeros humanos le consideren uno más de la familia.

El testimonio reciente de una lectora, que no pudo volar en avión de Barcelona a Menorca porque su perrita pesó un poco más de lo autorizado para ir en cabina (8 kilogramos con transportín incluido en el caso de Vueling) demuestra esa incomprensión que todavía impera. ¡Qué pena que ese celo en la vigilancia del peso de una pequeña mascota no se aplique en controlar los retrasos y las cancelaciones! La familia en cuestión se quedó en tierra, no consintieron dejar atrás a Pepa, por cuyo viaje además habían pagado 40 euros por trayecto. Ya es hora de que las compañías dejen de tratar a los animales como bultos, que revisen sus condiciones y las flexibilicen, que no veten por raza y que velen por su máxima seguridad y bienestar cuando tienen que ir en bodega. Cualquiera que viva con una mascota sabe que no se reemplaza como las ruedas de una maleta.