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Triste y duro, mucho, tener que enfrentar una enfermedad y al mismo tiempo realizar cálculos de años cotizados, pagos a la Seguridad Social y trámites para obtener una incapacidad. Pero es así, el diagnóstico y tratamiento no te evitan lidiar con una serie de problemas burocráticos que más vale conocer.

Por este motivo la asociación de mujeres con cáncer de mama ALBA organizó una charla-coloquio con una técnica especializada en la gestión y en las prestaciones públicas en estos casos, nada fáciles de valorar. Al final, el resumen es que cada situación es diferente, que un mismo diagnóstico no implica que el enfermo evolucione de la misma manera, ni emocional ni físicamente, por lo que su capacidad o no de desempeñar su trabajo una vez finalice el tratamiento será algo totalmente personal.

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El abismo de la enfermedad y de la pobreza no es algo exclusivo del cáncer, pero sobre esta dolencia en concreto existen informes que lo corroboran. Así, el estudio «El impacto económico del cáncer en las familias en España», de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), señala que cerca de 25.000 personas al año están en riesgo de exclusión social por la enfermedad; en Balears 600. Si en los asalariados el problema es grave, en los autónomos es un escándalo, porque no cogerán la baja hasta que no haya otra opción. No es igual que el diagnóstico se produzca en un contexto familiar y económico favorables a que sea en situaciones laboralmente precarias, o de soledad, entonces llueve sobre mojado.

Por todo ello la AECC viene reclamando un plan integral de protección integral para las familias con cáncer, para evitar esa desigualdad en la lucha contra una enfermedad tan extendida. Mientras tanto, iniciativas como la de ALBA, para desentrañar los recovecos administrativos en cuanto a bajas, incapacidades y en resumen, derechos, son bienvenidas.