Sa gleva

También la 'roscan'

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Tiene confesado que es un culo de mal asiento, un viajero cuyo anhelo es tocar el horizonte con la mano, y si hay que parar para recobrar el aliento, solo está dispuesto a hacerlo el día que pueda pararse encima de un arcoíris. Para todo eso, nunca contó con esa amenaza peligrosa y silenciosa de tener aneurismas. Sí es cosa cierta que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, le sobreviene la duda porque entonces su Dios sería un Dios con achaques.

Luego pensó que quien era él en su insignificancia humana para pensar siquiera en lo que es y en lo que no es, cuando eso si acaso, se sustancia en el cónclave de lo divino, lo que no está al alcance de quien tiene que morirse cuando Dios así lo disponga, pero nunca antes.

Después de haber ido y venido por cuanto continente alcanzaron a situar los cartógrafos en esta pelota desahuciada que es el mundo en que vivimos, se le aclara que no ha hecho sino empezar a conocer el patio de su casa, porque es cosa bien cierta que una cosa es haber visto y otra es terminar por conocer lo que se ha visto.

Los médicos en sus sabidurías que tengo prisa en decir que no son precisamente pocas, en un descuido, en su sí es no es, sin anestesia, sin la caridad de un chute de cloroformo, le han soltado hace unos días en un aquí te pillo aquí te mato, que volar con aneurismas es una ruleta rusa sofisticada ¡oiga doctor! ¿Y si no vuelo? Pues mire usted, tampoco le garantizo nada. Ahí sí que ya se quedó más convencido, porque desde esa verdad cayó en la cuenta, que incluso los médicos cuando les llega la hora también la ‘roscan’ con aneurismas y sin ellos, volando o yendo andando.