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Una política fragmentada

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No se le ocurra ponerse en el oficio de querer averiguar cómo hacen los cálculos los partidos políticos. Tomen nota del siguiente ejemplo: tras el resultado de las últimas elecciones legislativas, se dijo que con los escaños obtenidos por los socialistas, Pedro Sánchez Castejón no tenía que buscar acuerdos con independentistas, le bastaba con los escaños que le podían ceder los llamados constitucionalistas. Todo ha sido ponerse a discutir del asunto y los constitucionalistas se han dado cuenta que sin su generosa participación no hay matemáticas que alcancen una mayoría absoluta, y sin ese requisito, no se puede gobernar con facilidad, de manera que a la ocasión «la pintan calva» y se han puesto intratables en sus exigencias, tanto es así, que algunos oráculos de los de pregúnteme usted que todo lo sé, no descartan unas nuevas elecciones, todo y que el personal empieza a estar hasta el mismísimo moño de esta situación, hartos de que llevemos lo que llevamos después de haber votado sin que haya sido suficiente para alcanzar un acuerdo y formar gobierno. Al día de hoy, el ejecutivo que ha de dirigir la política del país es aún una utopía ¿No se dan cuenta ni los unos ni los otros que esta situación asfixiante puede acabar por obligar al PSOE a pactar con independentistas? Eso o ir de nuevo a las urnas.

Los que se ganan las judías como politólogos, los oráculos de las urnas, ya han empezado a lanzar «sus globos sonda», cargados de una catástrofe electoral para Podemos, Ciudadanos y Vox. En sus iluminadas sabidurías, no han dejado títere con cabeza, de manera que ante unas nuevas elecciones, solo no saldrían con calzones por poner, socialistas y peperos, sin que por eso, el oficio de ser oráculos no les alcanza a dejar claro si el ganador no tendría que pactar más o menos cómo está pasando ahora. Si cayera la política española en ese bucle, fíjense que tengo yo curiosidad en saber cómo se sale de él. No es para tomarlo a barato por más que siempre habrá quien pueda parecerle una fantasía, pero no es la primera vez que lo que nos parecía una fantasía, haya acabado por amargarnos la vida. Cosa nada difícil si hay por medio una manifiesta tendencia hacia el egoísmo, aderezado con la miopía política a la hora de dejar de pensar en uno mismo en vez de pensar como estadistas que buscan lo mejor para la buena gobernanza del país (perdón por lo de gobernanza), a sabiendas también que la situación catalana no debe de hacerse más crónica de lo que ya está, con unos procesados a la vuelta de saber cual va a ser su situación futura. Solo sea por esa merma, hace falta un gobierno que gobierne y eso cuanto antes, un gobierno fuerte, capaz de tomar las decisiones que cualquier situación demande. No podemos como en la fábula, ponernos ahora a dilucidar si son galgos o son podencos; ya sabemos como terminó ese asunto en la misma.

Debería sonrojarnos que con todas las dificultades que también las ha habido, alcaldes y concejales, están ya al frente de sus diferentes sedes municipales. Mientras la gobernabilidad de la nación está en manos de un gobierno en funciones, sin que estas sean las horas que a nuestros políticos se les vea con claridad la decidida capacidad de enmendar la situación que ha generado la degradación por fragmentación de los distintos partidos políticos.

Este artículo lo escribí el día 25 de junio. Ojalá que a día de su publicación, la situación pudiera ser diferente.