Con derecho a réplica

Inspirar, espirar y una cervecita

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Dicen que las leyes de la justicia cósmica determinan que, si una persona que no maneja bien el poder se hace con él, sobre todo si es por medio amorales, o sin currárselo, ese mismo poder acabará destruyéndola. Toma ya. La frasecita da para la reflexión. A Ícaro, su padre, el arquitecto Dédalo, le fabricó unas alas para escapar de la isla de Creta. Y mira que le dijo que no subiera muy alto, que el invento de las alas llevaba cera y esta se derretiría. Pues nada, Ícaro se flipó, tiró para arriba todo feliz y el Sol le dejo sin alas. Se metió una hostia mitológica contra el mar. Su padre lloró su pérdida, no le quedaba otra, pero lo cierto es que Ícaro no supo manejar su poder porque todo el mérito era de su padre, que fue el que se lo curró y sabía de lo que iba el tema.

Ícaro se comportó como un malcriado, como muchos Froilanes y Borjamaris que van por su mundo con polos azul marino de marca cara, y banderitas por todas partes, que usan como salvoconducto para hacer lo que les peta. Si montan algún pollo, ya les sacará papá del apuro, porque a diferencia de los curritos que la han perdido, los ricos siguen teniendo conciencia de clase a espuertas, tienen claro quiénes son los suyos, o sea, los suyos de verdad.

Si a las leyes cósmicas le sumamos el principio de Lord Acton que dice: «El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente», entendemos muchas de las mierdas que nos pasan ahora. No pondremos ejemplos para no condicionar, busquen ustedes, queridos lectores, los suyos. Piensen en una persona con poder, aunque sea el presidente de la comunidad de vecinos, poder cutre que nadie quiere. Piense en como lo ha conseguido, quizás robando, mintiendo, o regalado por otros para que haga el trabajo sucio. E imagine, por último, como ese poder le llevó a deslizarse peligrosamente hacia la arrogancia, la prepotencia, y el autoritarismo, en cuanto estuvo dos minutos en la poltrona de mando. Salen muchos, ¿verdad?

Aceptémoslo cuanto antes y ya está. El tiempo de vida es limitado para todos, menos para Jordi Hurtado, y no podemos seguir pegándonos cabezazos una y otra vez contra el mismo muro, que es muy cansino. Habrá también que dedicarle tiempo a cosas tan estimulantes como el sexo, aquí cada cual sus tendencias, deseos y anhelos. Y a echarnos unas risas, aquí, también, cada uno con su tipo de humor y sus límites. Al Poder nunca le ha gustado que sus súbditos gocen y se rían, porque las personas que disfrutan y tiene una sonrisa temen menos, y sin miedos ¿donde acabarían los reyes, dictadores y dirigentes malignos en general? Lo más seguro es que mendigando una plaza en un reality de Telecinco, a ver si alguien les escucha mientras cuentan sus miserias, que son muchas.

No sé cómo, pero hay que huir del estrés ya, o acabaremos todos acelerando la respiración, y provocándonos esas hiperventilaciones conocidas como taquipneas. Porque del agobio que nos meten es como si nos faltara el aire y en lugar de las 16 o 20 respiraciones que tenemos que hacer por minuto, nos vamos a las 30, el oxígeno nos baja, y las consecuencias no molan nada. Escapemos de las provocaciones a lo Arrimadas, que es capaz de ir con una hogaza de pan a una cena de celíacos. Relax por favor.

Así que intentemos disfrutar del verano, tomemos otra cervecita y escondámonos del Sol, que con un Ícaro ya tuvimos suficiente. Les confieso, para terminar, que el único poder que quiero es el poder de estar, porque mientras estemos se nos va a oír. Feliz jueves.