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El mundo está lleno de finas líneas que separan unas cosas de otras. Resulta difícil no traspasarlas. Tener una afición es positivo, necesario, saludable… Caer en la adicción es un problema: perdemos libertad y las consecuencias negativas nos salen por las orejas. Jugar es bonito. La ludopatía un horror. Creer es bueno, pero ser un fanático resulta fatídico. Nos adentramos en lo que nos gusta o nos llena, sin advertir de los peligros que acechan más allá de la raya. Pasarse de la raya, pasarse tres pueblos o traspasar la línea roja son expresiones que estamos acostumbrados a oír. Se fomenta el juego on-line sin controles ni precauciones, hasta que nos damos cuenta de que muchos jóvenes están atrapados. Igual con la pornografía, las sectas o la comida. Una sociedad de excesos que ha perdido el sentido y el valor de las cosas. Consumidores compulsivos. Tenemos más de lo que podemos asimilar. Nos tienen entretenidos. Nos comen el coco. Una buena educación es la defensa para no sucumbir a todos los engaños y manipulaciones intencionadas.

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Al mismo tiempo, millones de necesitados, desesperados, hambrientos o desocupados. Es un cóctel explosivo. Vuelven las incertidumbres que hacen mella en la confianza, pero lo superaremos. Saldremos adelante. Hay que concentrarnos en nuestras fortalezas y oportunidades. Volveremos a votar. Antes éramos aficionados y nos estamos volviendo unos adictos, enganchados a las urnas.