Asseguts a sa vorera

Mis tres temores

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Hay tres cosas que me dan un terror atroz. Tres aspectos que me asustan hasta el punto de paralizarme, de angustiarme, de preocuparme. Tres temas que, cuando me cruzo con ellos, no sé muy bien cómo actuar, cómo afrontarlos ni cómo gestionarlos y por lo tanto, me veo superado y abatido sin respuesta alguna. Algo muy frustrante para quien vive de las palabras y que hondea -casi- siempre la bandera del optimismo.

Imagino que a estas alturas te habrá picado la curiosidad aprovechando que pocas veces me abro de verdad y menos en esta columna que, como sabes, es más tuya que mía.

Me considero una persona bastante pragmática por lo que no suelo malgastar esfuerzos ni emociones en aquello que es inevitable. Por lo tanto, no me aterra morir, ni la muerte porque ninguno de nosotros se va a escapar, aunque sí me preocupa que cuando llegue el momento de partir me quede la sensación de que no he aprovechado el tiempo.

El primero de los terrores que voy a compartir es el de la depresión. Me horroriza la idea de que alguien no consiga ser feliz ni haciendo todo el esfuerzo posible. No porque el objetivo de la vida sea ser feliz sino porque de tanto en tanto no viene mal sonreír de verdad, desde el interior. Y peor lo veo cuando el depresivo en cuestión es capaz de generar un sinfín de carcajadas pero en el fondo es infeliz. El caso de Robin Williams es el ejemplo claro. Me apena que alguien pueda llegar a vivir en esa situación.

El segundo terror que tengo es la gestión del tiempo. Sé que no sirve de nada lamentarse por algo del pasado que podríamos haber hecho de otra forma. No pierdo el tiempo con aquello de «si pudiese volver atrás...». Lo que me da miedo, como te decía, es ese umbral que un día cruzaremos sin vuelta atrás y cuando sea el momento de hacer valoraciones. Ojalá todo haya valido la pena y no sea demasiado tarde.

Mi último gran temor hace referencia a las personas con problemas de salud mental. Hay quien tiene que lidiar con contratiempos que jamás habría tenido que tener. No es justo, no, pero nadie dijo que la vida lo fuera a ser. Me entristece que esas personas intenten no ser como son y haya un impedimento que impere. Se me destroza el alma cuando pienso que nadie ha hecho nada para merecer semejante castigo y que poco o nada pueda hacer.

Y es este último el que peor veo porque pienso que puede desembocar en mis otros dos terrores y presentarse como un problema bárbaro. Ante el que no se puede hacer mucho... Aunque puedas luchar con un coraje encomiable y acabes sin recompensa. Ni siquiera una sonrisa de compasión. Por eso hoy quiero enviar el abrazo más fuerte y todo mi apoyo.

dgelabertpetrus@gmail.com