La columna

Virgo potens

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Sé que ya no se rezan letanías en latín del tipo Virgo predicanda, Virgo veneranda, Virgo potens, etc. a las que contestábamos siempre ora pro nobis, sin saber muy bien lo que decíamos. Traducido, resulta que invocábamos a la virgen como virgen que ha de ser aclamada, virgen digna de veneración, virgen todopoderosa, y contestábamos indefectiblemente ruega por nosotros. Claro que entonces, cuando éramos pequeños, es decir, a mediados del siglo pasado, hablábamos por boca de ganso o bien repetíamos como loritos lo que oíamos decir, y a lo sumo, cuando el sacerdote se volvía en lo alto del altar y decía Dominus vobiscum, en lugar de responder Et cum spiritu tuo, decíamos, Ses cames d’en Cisco (los hay que escriben Siscu) Supongo que entonces todos éramos vírgenes. Digo «supongo» porque no sé muy bien dónde quedan los límites de la virginidad. Entiendo que ser virgen significa no haber tenido relaciones sexuales, pero hay que aclarar que las relaciones sexuales no se limitan a la penetración, sino que tener sexo oral o anal o masturbar a otra persona es también tener relaciones sexuales. Ahora entiendo por qué los curas de nuestra infancia preguntaban en el confesionario: «¿Solo o acompañado?» Por cierto, la Biblia enseña que las relaciones sexuales solo deben tener lugar entre esposo y esposa. Dice que los solteros deben permanecer vírgenes y mantener una conducta limpia. Es algo así como el lema de la Real Academia Española de la Lengua: «Limpia, fija y da esplendor» También es como un anuncio de compresas: «Fina y segura».

Pero he leído una noticia antigua que asegura que los científicos han descubierto que tras cinco años sin relaciones sexuales se vuelve a ser virgen. Es una noticia de hace un par de años, difundida por la Universidad del País Vasco. Tras un exhaustivo estudio de más de seis años de duración, realizando pruebas a más de trescientos individuos, el ochenta y seis por ciento de los sujetos volvían a ser vírgenes. El estudio se publicó en la revista «Nature» de los Estados Unidos. No sé si en estos casos cabía el ejercicio de la masturbación, también llamada onanismo, aunque Onán, siempre según la Biblia, cada vez que tenía una relación sexual con su cuñada eyaculaba sobre la tierra, es decir, practicaba el coitus interruptus; aunque tal vez sea el caso de que todo lo que no se usa se atrofia, o que los hombres hacían apostolado y volvían a ser como niños. Tampoco sé si en el caso de las mujeres les volvía a crecer el himen.