Contigo mismo

¡Facha!

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La mezquindad humana, en ocasiones, es tal – piensas ahora, entre vívidas luces de mañana recién parida- que hasta las palabras son víctimas de vuestras miserias y/o imbecilidades. Las utilizáis incorrectamente, las traicionáis, las convertís en armas, las usáis antinatura para establecer nuevas fronteras e, incluso, llegáis a modificar sus significados… Hubo un tiempo, por ejemplo, en que establecisteis, incluso, como clases sociales entre ellas. Para pijos, nuevos ricos e imbéciles, un anglicismo era, entonces, más chic que un vocablo en castellano o en catalán… Así, no entrabais en el salón, sino en el hall, no engullíais un bocadillo, sino un sandwich, no os presentabais a una audición, sino a un casting, no remitíais un correo, sino un mail, no jugabais al balompié, sino al football y, en ocasiones, víctimas de tanta estupidez, os quedabais en standby, «en blanco»…

- Pero lo que te duele…

- Lo que te duele, verdaderamente, es cuando la palabra es utilizada como herramienta para herir al enemigo o al que, simplemente, discrepa. La calumnia –crimen perfecto- y el insulto son dos claros ejemplos… Así, un vocablo se asocia a otros para construir oraciones terribles que acaban con la reputación del oponente –en el primer caso- o mudan su significado para ofender –en el segundo-. Un caso nítido sería el del término «facha», usado hoy a diestro y siniestro, de forma inapropiada y letal, para zaherir al disidente. Algunos ejemplos son ilustrativos…

I.- Una muchacha deambula por la plaza de Callao gritando consignas ajadas en una manifestación. ¿Unos quince años? Un periodista se le aproxima y de forma correctísima, tierna, cordial, le pregunta por sus reivindicaciones. La adolescente se sonroja y no sabe qué contestar… Una vez repuesta, se contenta con repetir el lema (¿o deberías decir slogan?) impuesto… Ante la inanidad de la contestación, el periodista insiste. La estudiante, que no tiene ni puñetera idea de qué diablos está haciendo ahí, se encoleriza y le grita al entrevistador: «¡Fascista!»...

LAS MENTES DE los adolescentes –meditas- son como tierra fértil y abonada, apta para que un payés siembre en ella cualquier tipo de semilla, incluso la más miserable. Cultivo hecho desde lo canallesco, porque se juega con ventaja ante la fragilidad de la inocencia. De muestras tenéis multitud y algunas muy recientes…

II.- Tres mujeres, empecinadas actualmente en proteger a las gallinas de los gallos, unos violadores contumaces (ustedes habrán visto probablemente el vídeo que, al respecto, circula por ahí) defienden la dieta vegana… Hasta aquí nada que objetar. De hecho, tienes familiares que practican la susodicha dieta, pero desde el escrupuloso respeto hacia el resto de posibilidades. El problema reside en que una de las tres muchachas exclama, al final de la inenarrable filmación, que quien come carne es un facha. De lo que deduces que eres –y tú sin enterarte- un facha. Tú y todos tus vecinos y…

Te gustaría, de verdad, ahora, preguntarle a la quinceañera de la ‘mani’ si conoce realmente el significado del término «facha», si sabe quién fue Mussolini, si tiene conciencia de lo ocurrido entre 1918 y 1939, si conoce el origen etimológico de «fascio» o si está al corriente de las actitudes y comportamientos que suelen tener los verdaderos fachas. Tal vez, y para su sorpresa, se viera reflejada en ellos… Igual podría decirse de las ilustres componentes de esa ONG que vela por la castidad ‘gallinácea’…

Lo más curioso de lo narrado/descrito es que quienes usan ese término para agredir verbalmente al otro, son los que dan muestras de esa irracional y absolutista autoridad que tuvieron los magistrados romanos y que dio lugar al término latino fascis.

La conclusión es fácil: en este triste país, aún y desgraciadamente de charanga y pandereta, todo aquel que no comulga con uno es, sin duda, un facha. Por eso se lo adviertes a tus lectores (¿los tendrás?): si usted discrepa de este artículo es un facha, facha… Un facha de un par de narices…