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Tal cual están las cosas en Catalunya, Pablo Casado no podía soñar que le iban a votar. En el País Vasco el resultado ha sido aún peor. Lo que en su conjunto resulta que en dos de las autonomías más conflictivas, el PP ha sacado en su conjunto dos diputados. A pesar de la mejora obtenida es para hacérselo mirar, el que ni en Catalunya ni en el País Vasco se les tenga ni un atisbo de empatía, y cuando más alejado está un partido de una causa conflictiva más conflictiva se vuelve la causa, sobre todo mientras permanezcan los políticos que habitan en la Generalitat, de manera que el secesionismo es ya endémico, porque se ha conseguido que los catalanes crean que con una República van a fermar als gossos amb sobrassada.

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Ahora espera presumiblemente un futuro complicado con un voto tan fragmentado no se puede esperar gobiernos fuertes y eso precisamente, es que lo que le viene bien al secesionismo, gobiernos débiles, dubitativos, incapaces de actuar con la firmeza que el problema demanda para anular las ensoñaciones que les han ido metiendo en la cabeza.

Las urnas han dejado un gobierno, si es que llega a formarse, poco más o poco menos, como se planificaba que iba a pasar, aunque quiénes creíamos eso, tampoco necesitábamos mayores conocimientos para predecir lo que era un rumor en las entradas y salidas de los colegios electorales. La pregunta es fácil ¿Y ahora qué? La respuesta ya no lo es tanto.