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Elisabeth le había denunciado cinco años atrás por una agresión sexual brutal que supuso su ingreso de urgencia en el piso tutelado del Consell de Menorca debido a la gravedad del suceso y al riesgo de que pudiera volver a pegarla. Era un nuevo acto violento de su marido que ya la había mandado al quirófano por otra agresión similar brutal cuando ambos residían en Barcelona.

Aquel 18 de junio de hace un año la mujer venezolana de 36 años de edad que, lamentablemente, ya no puede acusar ni defenderse de su esposo acabó muerta en un jacuzzi de plástico con ese hombre a su lado.

Aún hay otra circunstancia agravante en este caso que dificulta la comprensión de todo el proceso. El hombre estaba -está- acusado de haber matado a otra novia venezolana en su país, en diciembre de 2009, causa por la que había sido detenido por segunda vez el pasado agosto y ahora sí había sido ingresado en prisión preventiva.

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Con esa información acumulada en las instancias que investigaron e instruyeron el caso, servida en parte por el Consell nada más conocerse su muerte, el mismo hombre que ahora está acusado por las Policías española y venezolana de un doble asesinato a dos de sus parejas, no había sido imputado ni detenido tras el suceso del jacuzzi ocurrido hace ya un año y cinco meses.

Él mantuvo que nada tenía que ver con la muerte, que esta había resultado accidental tras el consumo de alcohol en una noche de sexo y excesos de todo tipo. Más tarde la autopsia confirmó el consumo de drogas y ahora se han recuperado grabaciones de audio que han llevado a la Policía a acusarle de un asesinato premeditado.

La presunción de inocencia habrá resultado determinante, tanto como la falta de pruebas que lo incriminasen desde entonces y ya se verá en el juicio si es culpable o inocente. Pero vistas las extrañas circunstancias de la muerte y los antecedentes del acusado cuesta entender su tardía imputación.