Adiós a las armas

Cuestión de confianza

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No puede decirse que el año comience repleto de expectativas para mejorar nuestro estado de derecho en manos de quienes van a ejercer el gobierno que nace semioculto como temeroso de su reconocimiento en medio de la fiesta de reyes. Pueden hacernos todas las promesas que crean oportunas para tratar de inyectar una ilusión desvanecida a fuerza de hechos, que no de palabras, pero el mensaje ya llega distorsionado, vacío. Y lo hace no solo por las dudas de la capacidad de quienes van a repartirse las carteras sino por la nula transparencia que ofrecen los mismos que hacían de ella su bandera en cuanto llegaran al poder. El presidente impide la entrada a los periodistas para evitar preguntas incómodas y ejerce la política de hechos consumados.

Aún si Podemos hubiera mantenido los postulados con los que irrumpió en la política nacional podría concedérsele el beneficio de la duda para plasmar su teoría social a la izquierda de la izquierda ahora que va a tener la posibilidad de gestionar. ¿Pero qué credibilidad ofrece la formación morada si su líder, Pablo Iglesias, ha sido el primero en acumular posesiones, alejarse del pueblo al que encorajinó hace apenas un lustro y minimizar el escándalo de los ERE en Andalucía porque ya no le convenía lanzarse a degüello como hizo con el fallo que condenó al PP?

Esa misma credibilidad bajo cero acompaña al presidente en funciones desde hace tiempo. Con los barones de su partido perplejos por el enésimo quebrantamiento de su palabra cuando aseguraba voz en grito que no pactaría con separatistas o que los populistas eran el peor ejemplo posible y le causaban pesadillas, Sánchez se ha echado en sus brazos con un coste que el tiempo determinará. Que incumpla promesas ya no sorprende a nadie. Que esconda su gestión, tampoco. Que ayer dijera una cosa y hoy otra completamente diferente, menos. El problema es que ahora va a gobernar de verdad, con el país en sus manos y una alianza de conveniencia junto a quienes le van a hacer la vida más imposible que la propia oposición. El tiempo dirá.