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La radio subsiste, puede con todo, es infinita. Sin necesidad de competir con ninguno de los múltiples canales informativos que han traído las nuevas tecnologías en las últimas décadas, el sonido de las ondas se antoja imperecedero. Ni el vídeo, ni la televisión, ni incluso el bombardeo de las alertas gratuitas en el móvil que nos sirven los medios que seleccionemos para ello, son tan próximos como la radio. Es en ella donde aún continúa el último reducto de la proximidad, del factor humano tangible porque siempre se escucha a alguien, una persona, que está contando algo.

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En la compañía sencilla y constante que ofrece la radio radica el secreto del éxito de este canal que además, en esencia, es el mismo que no ha precisado adaptación para las generaciones más pretéritas del siglo pasado. Funciona igual que en sus inicios, activando el interruptor de turno, aunque podamos recurrir a él hoy en día desde cualquier plataforma. La aplicación de las nuevas tecnologías ha sostenido su evolución para mejorar todos sus servicios y al mismo tiempo un ahorro de medios considerable para los profesionales que la trabajan, en muchos de cuyos casos ha jugado en su contra. Más robots, menos personas.

La radio celebró ayer, 13 de febrero, su festividad anual, una jornada idónea para valorar una trascendencia que nadie puede poner en duda. Y la tiene no tanto en el corazón de las grandes cadenas localizadas en las principales capitales de provincia, sino también en cualquier ciudad donde el mérito del producto que sale a la calle es mucho mayor. Hacer radio rodeado de personal y medios, con productores que te facilitan gestiones y protagonistas, o técnicos prestos a cualquier contingencia no tiene tanto valor como la radio que se hace en las emisoras locales, esas que proporcionan proximidad y experiencia, donde los locutores y las locutoras ejercen de periodistas, productores, técnicos, e incluso comerciales. Aquí, normalmente, todos hacen de todo para llegar hasta donde puedan. Ayer fue su día y es justo reconocerles su trabajo.