La columna

Tom y Jerry

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Los nombres Tomás y Jeremías no dicen gran cosa, a lo sumo que Tomás el Apóstol fue discípulo de Jesús de Nazaret y que Jeremías fue un profeta hebreo de hace casi tres mil años. Pero todos conocemos los diminutivos en inglés, Tom y Jerry. Las aventuras de Tom y Jerry cumplen 80 años. Se trata de una serie de animación que narra la rivalidad entre un gato llamado Tom y un ratón travieso llamado Jerry. Fue creada en 1940 por William Hanna y Joseph Barbera y producida por Metro-Goldwyn Mayer. Al principio se llamaron Jasper y Jinx, pero cuando en 1941 el cortometraje «El gato se pone las botas» fue nominado al premio de la Academia, se les cambió el nombre. La serie resultó conflictiva cuando en el episodio «Mouse Cleaning» Tom quedaba con la cara negra, al caerle encima una gran cantidad de carbón, y empezaba a hablar con acento afroamericano. Asimismo fue considerada excesivamente violenta por algunos sectores. Pero el hecho de que contuviera escaso diálogo favoreció su difusión en muchísimos países del mundo. Es evidente que los personajes de esta serie arrancaron millones de sonrisas de niños y mayores. Se trata de una de las series más populares de la historia y tiene un puesto destacado en la nostalgia de una gran parte de los adultos de hoy.

O de los viejos; en los años cincuenta en nuestro país no había televisión. Los colegios ofrecían horarios de clase excesivos y cuando el domingo por la tarde conseguíamos llegar al cine el programa incluía un episodio del Noticiario No-do, un cortometraje de Charlot, de Kid Carson, de Cantinflas, de Oliver y Hardy o de Tom y Jerry, más la proyección de una película debidamente censurada en la que las parejas nunca llegaban a besarse. Tom y Jerry nos hacían olvidar todas las penurias de unos tiempos demasiado serios, demasiado exigentes y demasiado difíciles. Nada sabíamos de política, solo que en el No-Do aparecería Franco, porque salía siempre; Franco estaba retratado en todos los locales públicos y creíamos que duraría por los siglos de los siglos. Tampoco sabíamos que llevábamos más de 50 años de retraso con respecto a los Estados Unidos, donde ya había televisión en color. Solo sabíamos que Tom y Jerry, a quienes también llamábamos gatos-periquitos lograrían hacernos desternillar de risa, por mucho que quedaran negros de carbón, o en forma de radiador al pasar por una estufa, o que tardaran siglos en caer cuando se quedaban suspendidos en el aire. Bien mirado, creo que todavía no se han caído.