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Si frecuentas esta columna sabrás que, a diferencia de algunos de los que escriben por aquí alrededor, yo no sé nada. Ni sé, ni intento parecer que sé. Ni tampoco tengo razón, ni la quiero tener, ni intento convencerte. Yo escribo cosas que me sorprenden, que me divierten, que me mosquean… Y hoy, además de no saber, no me lo creo. Te hablo del lamentable episodio relacionado con menores que se ha destapado en Mallorca –a la espera de ver qué pasa en Mahón- y, peor aún, de la deleznable actitud que han adoptado los principales actores políticos que deberían tomar cartas en el asunto.

El supuesto –como me asquea tener que usar esta palabra- caso de abusos y de explotación a menores tuteladas por el Govern parece un trapo sucio que es mejor no airear, un secreto que descubres pero que mejor si haces como si nada. Esa es la actitud que han tomado los responsables de gestionar nuestro día a día. Votar en contra de la apertura de una comisión de investigación que esclarezca qué ha estado pasando todo este tiempo y porqué nadie sabía nada, demuestra una falta de escrúpulos brutal.

Echo en falta, si te soy sincero, una manifestación de rechazo, algún tipo de movimiento social por parte de aquellos y aquellas que a la mínima que pueden airean su feminismo para dar soporte a casos en los que se ha vejado a la mujer. Ahora no están, no se les ve ni se les espera. Parece como si prefirieran mirar a otra parte, como si no fuera con ellos ni con ellas, como si al no comentarlo o hacerlo lo menor posible esta polémica, esta barbaridad se acabara diluyendo como una gota de lluvia.

Qué asco me da esta moralidad selectiva, este abuso de verborrea de lazo, chapita y estrofa fácil cuando a la hora de la verdad se esconde, no aparece o calla de una manera tan vil que se la puede considerar cómplice.

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¿Qué significa que el Govern rechace formar una comisión de investigación? Entre tanto brindis al sol, tanta parafernalia y tanta pamplina, saber qué ha pasado y obrar en consecuencia debería ser el objetivo primordial cuanto antes. Conocer cuál ha sido el fallo para que este horror no se repita.

¿Qué pasa cuando la herramienta que actúa cuando la familia falla, también falla? Cuando la última esperanza a la que abrazarse resulta un salvavidas visceral que ahoga todavía más de lo que salva. Los jóvenes que ya de por si están en riesgo, elevan a la enésima potencia su situación crítica. Y aquí nadie hace nada. Hasta que la semana que viene, por otra cosa, se pongan la chapa, el lacito o como quieran autoconvencerse de que son los que más apoyan.

Ni hago política ni exijo dimisiones, aunque lo cierto es que, si alguno de los implicados tuviese decencia o dignidad, dimitiría. Si alguno de los responsables para que no pasen estas cosas mira hacia otro lado, esconde la cabeza o ignora sus responsabilidades me da pena y asco, mucho asco. Son solamente niñas…

dgelabertpetrus@gmail.com