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El síndrome de la mascarilla

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Dicen nuestras autoridades que no debemos caer en acrecentar un pánico gratuito sobre todo a los que escribimos, que cuidemos ese vicio que parece tenemos de potenciar angustias sobre el asunto del coronavirus. Pero fíjense, antes o después alguien nos anuncia a bombo y platillo, mañana y tarde, machaconamente, el progresivo aumento de infectados que ya tenemos en España, y luego ya, se explayan diciendo que en Italia se suspenden todos los actos deportivos de momento hasta el mes de mayo, y en caso de jugarse algún partido de fútbol, será a puerta cerrada. Prohibido cualquier espectáculo con más de 1.000 personas. Nos dicen también que la Feria del Automóvil de Suiza ha sido anulada. Volviendo a Italia, el teatro de la Ópera de Milán cerrado. En Barcelona se anuló bien pronto la Feria de la Tecnología Móvil, que hizo que se perdieran millones de euros. Nos dicen también, que de seguir así las cosas, se anulará la Olimpiada de Tokio. Algunos clubs han prohibido a sus jugadores firmar autógrafos. Las compañías de la aviación comercial han reducido muchísimo sus vuelos a zonas infectadas, cuando sabemos que el virus ya está presente en los cinco continentes. Algunas empresas anuncian cierres por no recibir el material que necesitan. Un empresario español con montones de pallets preparados para ir a la Feria de la tecnología digital del juguete en China ha tenido que cancelar su participación, que dicho sea de paso es la feria más grande del mundo. Las bolsas están perdiendo como no se conocía desde el 2011. Si con todas estas noticias aún nos piden que no seamos alarmistas, esperen que les siga contando. Tenemos la peor manera de atajar el pánico, por ejemplo cuando algunos clubs de fútbol tienen compromisos con clubs españoles, resulta que en Italia suspenden el fútbol, mientras que aquí podrán venir los equipos italianos arrastrando tras de sí a miles de hinchas, salvo normativa que se lo prohiba.

Fíjense qué vergüenza de noticia, en Valladolid han robado nada más y nada menos que 5.000 mascarillas, y no es el único caso, pues a un médico le ‘pescaron’ cuando se llevaba, también robadas, 300 mascarillas. En los hospitales está desapareciendo el gel para desinfectarse las manos, al extremo que incluso algunos profesionales que lo necesitan dado lo delicado de su trabajo, ya han manifestado esas carencias. No hay en ninguna farmacia española, ni en ninguna ferretería, una sola mascarilla para socorrer una necesidad como es el caso de intervenidos oncológicos, que deben llevarlas por prescripción médica. Es una vergüenza que el pánico haya puesto al descubierto a los ladrones de mascarillas y geles desinfectantes. A los que innecesariamente están dejando las estanterías de los supermercados vacías, cuando seguramente el coronavirus desaparecerá tan misteriosamente como ha aparecido, y seguramente, habrá más fallecidos en España por la gripe tradicional que por el dichoso virus, pero eso ha bastado para ver la fragilidad de la entereza humana ante el más mínimo hecho que de momento no controlamos.