Assegut a sa vorera

Viene y va

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A ver, te seré sincero. Lo llevo mal, sí, a veces se me hace muy cuesta arriba todo lo que estamos viviendo y todo lo que nos queda por vivir. La mayor parte del día lo tolero, lo soporto e incluso tiro del carro si hace falta, pero en las interminables 24 horas que tiene el día, algún momento me da el bajón. No es por estar encerrado en casa parcialmente –sigo con el salvoconducto del trabajo-, porque yo adoro estar en mi hogar, disfruto de la soledad y la gestiono de vicio. Lo que me preocupa es lo que vendrá después, el panorama que nos quedará, el páramo que imperará y el currazo que nos quedará de siembra para volver a tener buena cosecha.

Desde el primer momento que me tomé enserio todo este percal me propuse como objetivo laboral y personal tratar de incrementar las buenas noticias, los buenos momentos y las cosas positivas que iban ocurriendo para combatir las malas consecuencias que no dejan de florecer, para alargar un pelín más el símil campesino. Pero hay momentos que me superan.

Soy autónomo, lo sabes de sobra, y entre los miedos que tengo –a tomar un avión, a la depresión y al Alzheimer- el más recurrente es el miedo al porvenir. No tanto por el mío, porque será lo que tenga que ser, sino el de la gente que me rodea. A mí me da igual sufrir, pasarlas canutas o apretarme el cinturón, pero no me gustaría que los míos lo tuvieran que sufrir.

Soy la persona más convencida de que saldremos de esta que te puedas encontrar, te lo prometo, soy tan optimista que cada vez que veo «Titanic» estoy convencido de que Jack se va a salvar. Y, por eso, sé que todo esto quedará en una especie de mal sueño o, mejor todavía, en un aprendizaje para ver de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir, subsanando todos los errores que vayamos encontrando. Una especie de oportunidad.

Porque al final creo que se trata de eso. Si no conseguimos sacar una lección de todo lo malo que nos ocurre, algo que mínimamente justifique este sufrimiento, entonces sí que no habrá servido de nada. Si no somos capaces de tomar nota de todo esto y obrar en consecuencia más pronto que tarde volveremos a vernos en una una situación similar. Aunque te prometo que en esa maldita tabla cabían dos personas.