La columna

Duelos y quebrantos

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Duelos y quebrantos es un plato tradicional de la cocina manchega, preparado en la sartén a base de huevo revuelto, chorizo y tocino de cerdo entreverado. Aparece en la primera página del Quijote: «Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda».

El diccionario distingue entre dos clases de duelos, el que nos interesa en estos momentos de desazón sería el que define como «dolor, lástima, aflicción o sentimiento». Es la acepción que corresponde a la palabra dol usada por nosotros como el desconsuelo demostrado por la muerte de alguien que nos es querido. Ahora, precisamente, estamos en una época de gran dolor –de mucho duelo- por las innumerables muertes del coronavirus, ya que son muchísimos los fallecidos que han sido enterrados de modo casi anónimo, en ataúdes sellados, dentro de los cuales los familiares ni siquiera tenían la certeza de que estuvieran los restos de sus seres queridos. Otros, sin embargo, han sobrevivido. A menudo han quedado muy tocados, casi sin fuerzas para tenerse, para desplazarse por sus casas, para realizar cualquier mínima tarea, con los ojos todavía llenos de los fantasmas que rondaron su cabeza a causa de las fiebres producidas por la dolencia. Walter Benjamin, un filósofo y ensayista alemán que murió en 1940, decía que los fantasmas surgen de los objetos cotidianos. Según él, las cosas nos sugieren a menudo los fantasmas del pasado, de modo que por muy confinados que estemos nunca estamos solos; tenemos siempre nuestros recuerdos, a veces muy presentes. Más recientemente, Joan Perucho, escritor por antonomasia de aparecidos y no-muertos entre nosotros, me dijo que tenía un fantasma en su casa del pueblo de Albinyana, y que en cierta ocasión había entrado en el piso de una mujer anciana que había muerto y no quería dejar su morada. De repente se alzó como una nube de polvo que creció de manera descomunal, ocupó todo el recinto y empujó a los intrusos fuera de la casa donde había pasado toda su vida.

Yo no sé si los fantasmas se resisten a abandonar los objetos y habitaciones que les pertenecieron. Diría que no, que toda la fantasía reside en nuestro cerebro, que en algunos casos es un órgano muy creativo. Pero los que han superado el coronavirus aseguran que pierden todas sus fuerzas, apenas logran moverse y en sus cabezas solo habitan los fantasmas.