Contigo mismo

Carpanta

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- ¿Cómo se encuentra? –preguntó doña Lola Mento, doctora en psiquiatría-.

- Esquizofrénico perdido…

- ¿Cuáles fueron las últimas palabras que pronunció antes de que lo sedarais?

- Términos incoherentes que denotaban un estado nítidamente demencial. Gritaba, vociferaba, se imprecaba a sí mismo, reía, se tiraba por los suelos…

- ¡Concrete!

- Preguntaba a todo el mundo y con anormal insistencia si estábamos en la fase 0, o en la 0’5 o en la 0 y tres cuartos… Y luego llamaba imbéciles a quienes, en una encuesta realizada por el diario, manifestaban no entender qué relación podía tener un estado de alarma, aprobado para combatir un virus, con el derribo de puentes. «¡Imbéciles!» –exclamaba-. «¿Acaso no sabéis que el virus pernocta debajo de ellos?»… «¿Y Carpanta? ¡Qué alguien avise al pobre de Carpanta! ¡Se contaminará!»…

- ¿Cómo y dónde lo encontraron?

- En la calle, vestido de cofrade (un modo sui generis de protección), bailando la yenka, por aquello de «izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos tres»…

- ¿El qué?

- ¡Vera! El paciente había modificado la letra: «mascarilla, sí, mascarilla, sí, mascarilla, no, mascarilla, no, adelante, atrás»…

- ¡Ya!

- El día anterior había hecho algo sumamente parecido. Había abandonado su casa disfrazado de buzo, entonando una canción en spanglish de Ricky Martin, verdadero plagio de la mentada con anterioridad… Aquella que reza «Un, dos, tres, /un pasito para adelante, María (…)/ un pasito para atrás…» Y nueva modificación… Ahora, en vez de hablar de mascarillas, hablaba de la conveniencia o no de efectuar test…

- ¿Efectos del encierro?

- Al parecer era un ciudadano al que le gustaba estar informado. Enloqueció. Según los datos recabados se quedó durante la cuarentena pegadito al televisor, viendo espacios informativos y, ¡natural!, todas las intervenciones del doctor Simón y del Presi…

- Realmente es un ciudadano comprometido…

- ¡O ellos o el caos! – les soltaba diariamente a sus vecinos-.

- Eso me recuerda… –dijo doña Lola Mento, nostálgica, soñolienta-.

- El qué –le inquirió don Perfecto Quadrado, enfermero-.

- Una portada del inefable «Hermano Lobo». Usted es muy jovencito y no se acordará, pero aquella publicación, en pleno ocaso del franquismo, constituía un referente moral, cuando no un acto de innegable heroísmo. El dos de agosto de 1975, en portada, podía verse a un presumible presidente del Gobierno planteando al pueblo una disyuntiva: «O nosotros, o el caos». El pueblo, al unísono, contestaba: «¡El caos, el caos!». A lo que el mandatario respondía: «Es igual, también somos nosotros»… Pues eso… 45 años después y nihil novum sub sole… ¿Algún otro síntoma?

- ¿Le parece poco? Horas antes de su ingreso gritaba por calles y plazas: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué a los extranjeros que lleguen a Balears se les obligará a estar en cuarentena y no a los que procedan de Madrid y Barcelona, núcleos claros de infección? ¿Por qué, Dios, por qué? ¡Explícamelo, Fernandito! ¡Razónamelo, Pedrín!...

- ¿La sedación funciona?

- Sí… A él y a todos… Por cierto, doña Lola Mento… Cuentan que Menorca mañana pasará a la fase 1’01 y, dentro de una semana, directamente, a la 3’89, a no ser que haya un repunte y nuevamente los niños solo puedan ir a farmacias, supermercados y bancos… En este caso estaríamos en la -2’5, en espera de acontecimientos…

- ¿Y se sabe algo del nuevo ministerio?

- Sí. Al parecer se creará sibilinamente aprovechando el próximo estado de alarma. Se denominará Ministerio de Apuestas y del Euromillón. Con él se pretende sufragar lo prometido. Aún a sabiendas de que no hay ‘sabiendas’. A saber (y perdone las repeticiones del término): ¿De dónde saldrá el cash para tanta varita mágica?

- ¿Qué ha sido eso?

- El enfermo. Parece que ha salido de la sedación y se ha enterado de lo de las apuestas gubernamentales…

- ¿Cómo lo sabe usted?

- ¿No lo oye?

Desde la tenebrosa celda acolchada 666, el comprometido ciudadano exclamaba: «El 6, el 12… ¡Bingo!».

- ¡Si! –concluyó doña Lola Mento-. ¡Cómo no nos toque el Euromillón!