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Matar el tiempo

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Perder el tiempo es sin duda perder lo que tenemos de más valor. Cuando la fatalidad o la mala cabeza nos llevan a perder una joya que nos regalaron y que tanto nos gustaba, nos estrujamos la cabeza intentando recordar dónde puede estar aquella joya que tanto significaba para nosotros. Sin embargo, nada tenemos más valioso, más insustituible, más importante, más vital que el tiempo de vida que nos viene dada cuando nacemos. Podría yo decir que en verdad nacemos con una fecha de caducidad, o dicho de otra manera, vamos a vivir el tiempo que Dios quiera y ni un solo minuto más; solo fuera por esa razón, perder el tiempo debería de ser la mayor pérdida que podamos tener. Por el contrario, que tire la primera piedra quien no haya perdido el tiempo alguna vez en su vida. Pero aún hay algo muchísimo peor que perder el tiempo, y es ese suicidio horroroso de estar matando el tiempo. Matar el tiempo no es un hecho punible en ningún ordenamiento jurídico, en consecuencia, no me parece probable que la policía primero y un juez después, se tomen interés por haber estado una tarde matando el tiempo.

Estoy estrujándome las meninges buscando un nombre que le cuadre a esta clase de personas que se pasan parte de lo corta que es la vida matando a porciones la vida misma. Ya sé que es como una fantasía surrealista romper por ejemplo el confinamiento al que estamos ahora sometidos por culpa del virus con tal de salir de casa, calle abajo y calle arriba a matar el tiempo. Incluso nos tomamos el libertinaje de salir a nuestro libre albedrío, lo damos como una desobediencia menor porque estamos muy quemados de estar en casa viendo como el tiempo nos está quitando el tiempo.

Analizar el tiempo siempre será una pérdida de tiempo, porque para empezar, el tiempo pasado ya no existe y el tiempo futuro tampoco. En puridad solo existe el efímero instante que estamos viviendo, por eso, no podemos matar ni un solo segundo de la vida pretérita ni de la vida futura.

El tiempo de los verbos en tocante a lo que se refiere a la vida de una exigencia absoluta, quizá por esa severidad no figura estar matando el tiempo como causa punible en nuestro ordenamiento jurídico. El tiempo de vida que va del pasado al futuro apenas se detiene en el verbo presente. Fíjense que dejar lo que estuviéramos haciendo para ir a mover lo que se cuece en la olla, es por raro que pueda parecer como volver del pasado cuando regresamos para continuar en nuestros quehaceres. Luego están, los que yo no creía que fueran tantos, porque son más en España que los que mueren por accidente de tráfico, los que se suicidan matando por completo todo el tiempo que les quedaba por vivir, pero no en porciones sino del todo de una sola vez, son gentes a los que la razón les abandona. Bastaría con pensar para remediarlo, que la vida es extremadamente corta, solo hay que esperar un poco.

La vida es también lo mejor que Dios nos ha dado, sobre todo cuando durante nuestra vida, somos generosos y damos a quiénes nos rodean todo el cariño, todo el amor que seamos capaces de dar. Háganme caso, es infinitamente mejor dar un beso o un abrazo que estar matando el tiempo. Hay mucha gente que tiene en esta vida incluso fortuna, pero les falta un alma amiga que les regale cada día unos cuantos abrazos y media docena de besos de los que ahora estamos tan necesitados; esa orfandad de cariño es una de las peores pobrezas que se puedan padecer. Y ni aun eso, sirve para justificar tener que estar matando el tiempo.