La columna

Besos robados

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Platón fue un filósofo griego discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles que nació más de cuatrocientos años antes que Jesucristo. La expresión «amor platónico» hace referencia a la visión que Platón tuvo del amor, que consistía en la apreciación de la belleza de una persona, belleza física y también belleza interior, de manera de ser y actuar. Se trata de un amor ideal, pero no inalcanzable, como se ha interpretado erróneamente de manera popular. Una concepción del amor que era fomentada en los años cincuenta entre nosotros, cuando ‘todo’ era intocable. Desde luego esa perspectiva no tenía nada que ver con la actual, con la libertad sexual que los tiempos modernos han puesto de moda. Las parejas se conocían de lejos, simpatizaban, se enamoraban y después iniciaban un cortejo a veces muy largo en que el novio acudía a casa de la novia al atardecer para sentarse cerca de ella, sí, pero con la suegra en medio. Paseaban cogidos del brazo, pero a lo mejor ni siquiera se besaban. Y si acaso alguien veía a dos tortolitos besándose en algún rincón oscuro era hasta normal que se indignara y voceara que ya sabía quiénes eran y que lo iba a contar todo a la familia. En el cine, desde luego, las parejas no se besaban, se acercaban y luego se separaban de repente, porque el beso lo había cortado la censura. Lo vimos en «Cinema Paradiso» pero ya lo habíamos comprobado en las películas del colegio, donde había un cura censor que no dejaba pasar ni una. Las mujeres tenían que llegar vírgenes al matrimonio, y si alguna no llegaba era susceptible de ser ‘devuelta’. Los hombres, como no tenían virgo, pues colaban… En las playas había una sección para hombres y otra para mujeres, con un policía vigilando en medio. Desde luego, el traje de baño de las mujeres era completo, con una pequeña faldita ridiculísima. Cuentan que cuando llegó el bikini un policía local le dijo a una extranjera que solo se permitía el traje de baño de una pieza y ella le preguntó, jocosa, que cuál quería que se quitara. Un amigo mío resultó ser profeta sin proponérselo; dijo que había inventado el triquini: sombrero, gafas de sol y zapatillas. Nunca se nos ocurrió pensar que unos cuantos años más tarde llegaríamos a verlo en nuestras playas.

Alguien ha comentado que todo eso podría volver con el coronavirus. Habrá que mantener las distancias en las playas, las parejas no podrán achucharse ni besarse y a lo mejor las películas volverán a ser como antes: sin sexo y con mucho humo.