Sin flash

Igualdad forzada

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Todos somos iguales ante la ley…. Algunos se cansaron de leer y lo dejaron en: Todos somos iguales. Y este espejismo puede resultar dañino o peligroso cuando se aplica a toda la realidad humana que, como sabemos, es variopinta y diversa. A la revolución para acabar con una sociedad de clases y privilegios, le siguieron otras sociedades donde la uniformidad era obligatoria y la diferencia perseguida. Millones de individuos han sufrido y sufren la opresión más cruel por parte de regímenes totalitarios. Los esquemas mentales del siglo XX, derechas versus izquierdas, siguen vigentes en muchas mentes del XXI. Pero las utopías sociales, creaciones abstractas de la imaginación, deben ser brújula que estimula para mejorar lo existente, no un corsé ideológico impuesto a base de coacción y represión para consumo de mentes simples. Estamos hartos de ver cómo, en nombre de una idea, con las mejores intenciones, se pueden cometer atrocidades.
Hay quien lleva una vida de derechas con un discurso de izquierdas, por eso de la mala conciencia. Lo que cuenta es lo que digo, no lo que hago. Ande yo caliente e indígnese la gente. Contra la casta has de votar, mientras yo vivo en Galapagar.

No hay que discriminar lo que es igual (art. 14 de la Constitución Española), ni igualar lo que es diferente. No todos somos igual de altos, listos, buenos, guapos, interesantes o cultos. Negarlo nos vuelve ridículos, mediocres. Y lo empobrece todo.