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Falta pedagogía óptica sobre el virus

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No debe ser fácil dar con una vacuna que sirva para erradicar la covid-19, o al menos para frenar la expansión demográfica que está ya invadiendo el mundo. Déjenme añadir, que en puridad lo que en realidad necesitamos no es una vacuna para un virus determinado, como el caso de la gripe convencional, porque eso nos llevaría a que unos meses más tarde estemos ante una nueva pandemia con un nuevo nombre pero idénticas consecuencias; un ‘bicho’ minúsculo incompatible con la salud, la economía, el mundo laboral y la libertad de las personas para vivir una vida sin la agobiante espada de Damocles sobre sus cabezas.

Sé que es una utopía, una fantasía, pero lo que realmente necesitamos es una vacuna contra virus, sea el virus que sea. Ya sé bien que eso es imposible, pero eso no significa que no lo necesitemos.

Si resulta que nos puede contaminar un asintomático convendrán conmigo que da igual que nos infecte un contaminado declarado a un asintomático porque en ninguno de ambos casos nos liberamos de la contaminación que podemos pillar en la calle, en la pescadería, en el estanco, en la carnicería, en la panadería… en definitiva, donde acuda más de una persona… Y eso que estoy hablando de locales donde se entra de uno en uno pero es que no es menester el que sean varios los infectados para resultar contaminado. Basta con que al bicho le dé por poner a funcionar su loca ruleta y que tengamos la desgracia de que nos toque.

Me extraña pero no parece que se vaya a ir al menos de momento por el ejemplo de mostrar imágenes de cómo están o cómo han quedado algunos de los que han pasado la covid y lo han superado. La Dirección General de Tráfico se muestra todos los veranos mucho más expeditiva, más beligerante, cuando muestra por televisión las duras imágenes resultantes de un accidente de tráfico, tantas veces por esa simpleza de ir más pendiente del móvil que del volante. Estoy convencido que si mostrasen gráficamente algunos casos de supervivientes de la pandemia y el lamentable estado en que han quedado pensaríamos dos veces si es una buena idea hacer botellón y fiestorras absurdas.

La multa por no llevar mascarilla no acaba de ser disuasoria, quizá porque la sanción es pequeña, quizá porque finalmente se termina por no abonar ninguna de esas sanciones. Es un error amenazar con poner sanciones que luego no se cumplen. Pasa como con los gorriones en la era, que los primeros días cuando ven l’amo salen revoloteados y al cabo de un cierto tiempo comen delante de él porque han aprendido que no les va a pasar absolutamente nada. De todas formas no entiendo qué le pasa a nuestra sociedad actual. Hace unos días montaron una multitudinaria manifestación en la madrileña plaza de Colón en contra de las medidas preventivas sobre la covid sin tener ninguna base científica que les avale.

Lo tengo dicho en otro momento, a mí no me extraña que las autoridades lleven meses explicando todos los días, mañana y tarde, las más elementales precauciones para enfrentarnos a la pandemia que puede que aún no haya mostrado su peor cara. No me extraña que haya que explicarlo tantas veces. Hemos perdido la cuenta de las Navidades que llevamos explicando cómo se toman las uvas, cómo es eso de los cuartos, lo de las campanadas… y todos los años «con la burra al trigo» para equivocarnos un año más.