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Inmunidad

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Saber lo que vale un peine es una expresión que no se refiere al utensilio de peluquería sino a un antiguo instrumento de tortura. Hay frases que se repiten sin conocer su origen y acabamos ignorando las raíces profundas del lenguaje que utilizamos. Eso sí, nos perdemos entre tanta vegetación dicharachera. La frondosidad verborreica nos lleva a extraviarnos en el bosque de la comunicación. Decimos mucho, pero meditamos poco.

Solo tenemos una vida para gastar y lo que hagamos con ella es algo serio. Nos prometen vacunas, pero mientras no llegan y se comprueba su seguridad, es necesario seguir viviendo. La vida no puede aplazarse ni dejarse para otro día. Una de las defensas naturales del organismo es la inmunidad. La de cada individuo y la de rebaño. Cuando se movilizan las defensas, se combate y expulsa al agente patógeno hasta hacerlo inofensivo.

Lo problemático es que te cojan con las defensas bajas. Inmunodeprimido.

La inmunidad parlamentaria es distinta: no defiende tanto al individuo como a la institución que podría verse paralizada por un uso partidista de la Justicia. No es impunidad sino una garantía frente a los que acusan para dañar la reputación o conseguir ventajas políticas deteriorando la imagen pública.

Una mezcla de paz y ciencia nos da paciencia. La ciencia es un trabajo cooperativo que ayuda a saber y controlar algunas cosas. La paz es un estado de bienestar que experimentamos cuando vivimos en armonía.